domingo, 21 de diciembre de 2008

FRANCO Y LA POLICIA 1936-1947

El 16 de febrero de 1936, alrededor de un 70% del electorado acudió a las urnas para elegir a 472 diputados. Comparando los datos con 1933, la izquierda pasó de 97 a 264 diputados; el Centro disminuiría de 174 a 64 diputados; y la derecha descendería de 201 a 144 escaños. En términos de votos, el Frente Popular obtuvo 4.356.559 votos, mientras que el Bloque Nacional obtendría 4.570.744 votos. Portelistas, progresistas, independientes del Centro recibieron 340.073 votos; y los nacionalistas vascos 141.137 votos. El resultado de las elecciones, demostró que la CEDA era la fuerza política más entroncada en León y las dos Castillas; perdiéndose Madrid que pasaría a la izquierda, junto a las grandes ciudades, entre otras, Barcelona, Zaragoza, Bilbao, Sevilla, Málaga, Valencia y Murcia. Las Baleares se mantenían como feudo de March, en tanto que Ceuta y Melilla se inclinaban a la izquierda. Las Palmas de Gran Canaria pasó a la izquierda y Tenerife a la derecha. El viejo centro liberal conservador de Lerroux y Cambó, quedó derrotado.

La victoria del Frente Popular estalló en la misma noche del 16 de febrero en diversas zonas del país, promovidas por la CNT que obligó a Portela Valladares a declarar el estado de alarma, abandonando los cargos numerosos Gobernadores Civiles. Portela recibiría ofrecimientos de José Antonio Primo de Rivera, de Gil Robles, de Calvo Sotelo y del General Franco a fin de que proclamara el Estado de Guerra. El día 20 de febrero, Azaña se vio obligado a formar un Gobierno provisional Republicano, esencialmente de izquierdas y en nombre del Frente Popular.

A mediados de marzo, José Antonio Primo de Rivera, es encarcelado y la Falange, proscrita, pasando a la clandestinidad, incrementando su violencia, y atrayendo a sus filas a un número inconmensurable de japistas, movimiento juvenil de la Ceda. En estos momentos, la tensión entre José Antonio y Franco era irreconciliable, negándose José Antonio a formar candidatura en Cuenca junto a Franco, por un comentario insultante realizado por el General respecto de su padre, con ocasión de la guerra de Marruecos.

España, desde febrero a julio, estaba convulsionada, y era creencia generalizada en todos los partidos la existencia de un desorden, pidiéndose por los políticos, con urgencia, garantías de la vida en la calle y advirtiendo de la disolución social y del enfrentamiento inevitable, dividiéndose incluso respecto de actuaciones el liderazgo socialista, unos, como Largo Caballero, que mantenía el principio de la lucha revolucionaria, y otros, como Indalecio Prieto que recomendaba continuamente el sosiego, tranquilidad y orden, no consintiendo una República basada en la anarquía y un ideario libertario. Largo Caballero denunciaría a Prieto como persona que “no sentía las ideas socialistas”. Largo Caballero estaba soportado por la UGT, la Juventud Socialista y la Agrupación Socialista Madrileña. Prieto aventajaba a Caballero debido al control que realizaba en el partido y la dirección del Socialista. En estos meses el resultado es desorganización, odios, indisciplina social, disgresión, a lo que se añade el alimento que hacía Casares Quiroga, Presidente del Gobierno, que reiteradamente manifestaba su odio a la derecha, etiquetándola de fascista, lo que permitió cohesionar más al bloque nacional, que ya agrupaba a todos sus líderes en la idea de alzarse contra la República.

Calvo Sotelo en un debate del 16 de junio, anunció que él participaba de la idea de un Estado fascista e hizo un llamamiento para que el ejército se sublevara contra el Gobierno Republicano, tomando así una clara posición de líder político de la sublevación, siendo advertido por la citada declaración, de la posibilidad de un atentado, hecho que se evidenciaría inmediatamente por su asesinato, ocurrido el 13 de julio y realizado por Guardias de Asalto, aunque liderados por dos Capitanes de la Guardia Civil, que eran estrechos colaboradores de la extrema izquierda. Al momento surgieron movimientos políticos y especialmente militares, entre otros, los reiterados africanistas, Sanjurjo, Mola, Franco, Varela, Yagüe, Cabanellas, a los que se une el General Kindelan, destacándose entre ellos el General Franco que contaba con apoyos prometidos por las Cancillerías de Roma y Berlín, y que ya previamente se lo habían negado a Mola, cabeza visible de Sanjurjo, jefe virtual de la sublevación. Franco, al parecer, se decidió a sublevarse entre el 10 y el 13 de julio, incorporándose a la conspiración aprovechando la trama de un entierro del General Balmes, dirigiéndose a Tetuán, en el Dragón Rapide, donde le esperaba Yagüe, con las mejores tropas del ejército. El 18 de julio se proclamó el Alzamiento Nacional, bajo el ideario de generar una Dictadura militar que impusiera un nuevo orden social y un espíritu nuevo, declarando como objetivo político la conquista de España, aunque no a favor de la monarquía. La proclama de Franco en Canarias, hacía referencia a la restauración del orden y sofocar la revolución dentro de la República, felicitándose la mayoría católica porque estaban en la opinión y creencia de que el Frente Popular era un enemigo de la religión. En cualquier caso la conspiración fue un fracaso completo porque significó la Guerra Civil. El 19 de abril de 1937, en la “zona nacional”, todos los grupos políticos de derechas fueron amalgamados sobre la base de Falange Española Tradicionalísta y de las Juntas Ofensivas Nacionalsindicalistas, siendo su Jefe Nacional el General Franco, que a la vez era Jefe del Gobierno del Estado español, desde septiembre de 1936, siendo investido el 1 de octubre como Jefe del Estado.

El nuevo sistema político iniciado en el transcurso de la Guerra Civil, comenzó prohibiendo todos los partidos de izquierdas o liberales, contribuyendo los grupos conservadores de derechas a la formación de milicias, subordinados al mando militar. Franco desacredita el conservadurismo moderado apostado por la Falange, como principal movimiento político en la zona nacional, que sería la mayor fuerza organizadora de milicias de voluntarios, promovidas éstas por Serrano Suñer, cuñado de Franco, que había sido dirigente juvenil de la Ceda y amigo personal de José Antonio. Franco fusionaría Falange Española con el carlismo y el tradicionalismo, incluyendo los puntos programáticos de aquél partido.

El fin de la guerra no puso fin a la militarización del sistema judicial. El estado de guerra permaneció jurídicamente en vigor hasta el 7 de abril de 1948. Los crímenes políticos serían juzgados por Tribunales militares; Guardia Civil y Policía Armada, serían mandadas por Oficiales del ejército. El 9 de febrero de 1939, la Ley de Responsabilidades Políticas, cubriría todas las formas de subversión y ayudas al esfuerzo de guerra, e incluso los casos de pasividad, incluyendo a todas las personas integrantes de partidos políticos revolucionarios y liberales de izquierdas, pertenecientes a logias masónicas, sindicatos etc.

En 1939, octubre, predominaba ampliamente el estilo fascista, con las invocaciones rituales de “Franco, Franco”. El nombre del Caudillo aparecía en todas las fachadas públicas; su fotografía se colocaba en las oficinas, en los sellos de correos y en la moneda. Franco dirigirá el Estado hasta 1948 como si fuera un ejército, mediante Decretos personalizados; los militares coparán el 46% del Gobierno, y el 38% serán falangistas; el resto, otras familias ligadas a la Iglesia o de lealtades probadas. El Secretario General de FET y de las JONS, será el General Muñoz Grandes, organizador de la Policía de Asalto en la República.

En el periodo 1939 al 42, FET y de las JONS, alcanzaría la cifra extraordinaria de 932.000 militantes, teniendo la responsabilidad de adoctrinar políticamente a la población y en ella se incardinaba la delegación de propaganda del Régimen, así como la infraestructura política de nombramientos de Gobernadores Civiles y Alcaldes, que eran a la vez, Jefes Provinciales y Locales del Movimiento.

La política económica del nuevo Régimen se baso en la autarquía nacional, mantenida con austeridad y sacrificio, interviniendo el Estado, que traería el estraperlo generalizado o mercado negro de productos de subsistencia, que generó acaparamientos, de un lado, y desabastecimiento, de otro. Los datos dicen que 200.000 personas murieron como consecuencia de desnutrición y de enfermedades.

El Régimen con ocasión de la Segunda Guerra Mundial, mantuvo relaciones cordiales con el eje Roma-Berlín, gestionado por Serrano Suñer, proclive al nacionalsocialismo.

Terminada la Guerra Civil y aplastados los grupos y personas políticas contrarias, Franco intentó solucionar los tres problemas internos que discutían su poder: los militares, que reivindicaban la restauración de la monarquía; los falangistas que no aceptaban el liderazgo formal de Serrano Suñer, nombrando las bases un sucesor de José Antonio, Hedilla, desterrado por el Régimen; y los monárquicos, que pretendían la vuelta de Don Juan. Con los militares recelosos o querulantes tales como Queipo de Llano, Franco lo retiró al ostracismo; en la Falange incluyó a un camisa vieja de Valladolid, José Antonio Girón, nombrándole Ministro de Trabajo, destituyendo a Dionisio Ridruejo como Jefe de Propaganda, y nombrando nuevo Secretario General de FET y de las JONS a José Luis de Arrese, emparentado con la familia de José Antonio. Una gran solución para los problemas internos, fue el nombramiento de Carrero Blanco en calidad de Secretario Ejecutivo, que eliminó la actividad de Serrano Suñer. En 1942, surgen problemas entre militares, protagonizado por el bilaureado Varela y falangistas, que produjeron múltiples incidentes en diferentes poblaciones, destituyendo Franco al General Varela del Ministerio del Ejército, obligando a una reorganización ministerial en septiembre, pretendiendo un equilibrio que satisfizo a militares, falangistas, monárquicos y carlistas. De nuevo, en septiembre de 1943, afloró un descontento entre los altos mandos militares que entregarían una carta “impertinente” a Franco, a través del Ministro del Ejército, Asensio, solicitando la dimisión del General. Este complot que coincide con la presumible victoria anglonorteamericana y presiones de los monárquicos favorablemente resuelta por Franco, llevando al ostracismo a todos los desleales y elevando el rango y categoría de sus leales, entre ellos, Muñoz Grandes, García Valiño, Moscardo, Monasterio, etc.

Franco ante un memorándum elaborado por Carrero Blanco, a finales de 1942, expuso en el transcurso de 1943 y 44, en diferentes discursos y transferido a distintas Embajadas su teoría de las tres guerras en curso y de la actitud de España hacia ellas: neutral en el conflicto aliado y Alemania; a favor de Alemania contra el comunismo de la Unión Soviética; y a favor de los aliados contra Japón.

En 1943, los monárquicos y D. Juan instan al General para que restaure la monarquía, después de haberse producido el desembarco aliado en el norte de África. A mediados de 1943, Washington inicia una postura dura hacia Madrid, disolviéndose la División Azul a finales de este año. La política de los aliados en el transcurso de 1944, ya en la última fase de la guerra, se hizo más dura con el Régimen, recomendando en 1945 que las Naciones Unidas rompieran las relaciones con España y su Régimen.

Acabada la Segunda Guerra Mundial, el Régimen era descrito por otros países como la última dictadura fascista. Ante ésta situación obtó por relacionarse más intensamente con notables católicos, con la Iglesia y el Vaticano y restar la influencia de la Falange y legitimar así un posible cambio de Régimen hacia la Monarquía bajo la regencia de Franco, promulgándose posteriormente el Fuero de los Españoles y la Ley de Sucesión.

En 1946, doce de diciembre, la Asamblea de las Naciones Unidas votó la retirada de reconocimiento diplomático internacional al Gobierno español, lo que apiñó más al Régimen, que acusó la influencia comunista y la influencia de un Estado supersónico, enemigos ambos de España, por lo que tuvo que apoyarse en países latinoamericanos, especialmente Argentina, donde Perón ayudó económicamente a España.

La Ley de Sucesión de 1947 declaraba al Estado Español constituido en Reino y que su Jefatura correspondía al Caudillo de España y la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, Francisco Franco Bahamonde. El futuro Rey debería ser varón, español, católico, más de treinta años y jurar defender las Leyes Fundamentales del Régimen y del Movimiento.

En el transcurso de 1946-1947 la insurgencia guerrillera llegó a su punto culminante, aumentado también la actividad de huelgas en el País Vasco y Cataluña que fueron reprimidas por la Guardia Civil, Policía y el Ejército.