domingo, 16 de septiembre de 2012

JULIO DE ANTON ,TRAS PADECER UN CANCER CRANEAL EXPLICA SU EXPERIENCIA A EFECTOS DE QUE AQUELLOS QUE PADECEN TUMORES SIGAN SU TÉCNICA

El capítulo en cuestión es parte de una obra que se titula "Semblanzas de un educador en el Palacio de la Zarzuela",y además recortado en algunos de sus párrafos, sin publicar a la espera de autorización del aparato de la Casa de S.M ,y con la intención de ayudar a aquellos que sufran ansiedad ante situaciones invasivas como resonancias de cualquier tipo o intervenciones delicadas , sólo con que me remitan el listado de sus diez  sentimientos a lo largo de sus vidas que más le han reseñado y marcado como gratos.Mi correo es juliodeanton@gmail.com



CAPITULO XVI
El que fuera  Preceptor de SAR el Príncipe de Asturias  es diagnosticado de un cáncer cerebral de dos centímetros, ubicado en la zona del habla,  afectándole a la motricidad inferior del lado derecho de su cuerpo.
Julio de Antón había gozado desde su más tierna infancia de una salud inmejorable, librándose de cualquier intervención invasiva y de todo tipo de inyecciones, incluso  aquellas tan marcadas como las  de la mili, utilizando una triquiñuela  cuartelera que ahora  no viene a cuento, aunque sentía  percepciones sobresalidas referentes a un órgano muy importante en las personas que como Antón  trabajan y se preocupan más de lo debido, superando con veces el estrés que se pueda soportar en niveles de  normalidad. Escribimos del corazón.
En fechas inmediatas y posteriores a una cardioversión de la arritmia cardiaca, que quedó zanjada y con excelentes pronósticos, Antón, sobre las doce horas del día diez de Abril del dos mil once cuando escribía los primeros capítulos de este libro, salió de su despacho a fin de saludar a su mujer que se encontraba en la cocina, realizando tareas domésticas. Antón intentó comunicarse con su esposa y no  pudo, iniciando un proceso convulsivo, con calambres por todo el cuerpo e incapacitado para decir algo a su mujer, y en esa angustia esperó  la muerte, parca  que le perdonó la vida. Aquel momento fue el más cruento que Antón podía contar y ahora escribir. Al poco tiempo ingresaba Antón en urgencias del hospital Monte Príncipe, Madrid, y tras pruebas de tacs y electros diagnosticar los neurólogos que le atendían sobre la probabilidad de la existencia de  un tumor cerebral  localizado en la zona temporal izquierda, de tres centímetros de tamaño, de carácter invasivo y que podría afectar a la zona del habla y motricidad del lado contrario.
En el entretiempo del probable  diagnóstico cancerígeno, la responsable del nódulo de  neurología  del Hospital Monte Príncipe , la doctora Ochoa , con rostro áspero y ademán adusto, se personó en la habitación 413 donde estaba ingresado Antón, refiriendo que el tumor sólo tenía solución invasiva, y que a partir de ese momento se dispusiera para inmediata intervención quirúrgica , tarea complicada que  asignó al Dr. Diamantopoulos, neurocirujano experto, que recientemente había abandonado  la titularidad de neurocirugía de un hospital sonado en Madrid, incorporándose  a la cadena de Hospitales universitario de Madrid, en el que se integraba el Hospital Monte Príncipe.
Hasta aquí se evidenciaban dos cuestiones fundamentales, de un lado la existencia de un cáncer y de otro, su inserción  en una zona delicada del cerebro que podría afectar, aparte del deterioro de la comunicación o ausencia de palabra y motricidad en la parte derecha del cuerpo, a zonas  epileptógenas, sin conocer el  carácter invasivo y naturaleza del tumor, razón por la que Antón iniciaría un proceso estresante que en nada ayudaba a reparar sus convulsiones y problemas del habla, incomunicándole de los suyos, y acabar  impactado emocionalmente, reaccionando con miedo, ansiedades y discursos depresivos, enfrentándose de cara con la misma muerte.
Ante este cariz Antón resolvió adoptar una serie de decisiones, priorizándolas, en principio ponerse en manos de Dios por lo que suplicó con lágrimas el auxilio de su santo preferido, Fray Leopoldo de Alpendaire, que otras veces le había echado una mano, seguido del aliento de su madre Aurora que desde el cielo  le decía que no se importunara porque de ese trance  salía y tercero, puesto que los facultativos se dedicaban en los procesos de diagnóstico a “reparar lo suyo”, sin la prestación de ayudas y apoyos psicológicos, que podrían afectar de manera primaria o colateral al proceso y tratamiento de la tumoración, se dispuso a poner remedios inmediatos, sustentados en música de Silos  y pasajes documentados del Santo Padre Juan Pablo II, que padeció una larga enfermedad confiado en el báculo de Cristo, que era el que le sostenía y ayudaba a remediar sus sufrimientos, pidiendo Antón confesión, asistido en el hospital por el sacerdote Paco, que calmó los avatares de su alma, que en confusión se movía en un mar de tormentas. A la par, Antón , oía y veía en youtube como legionarios sacaban su Cristo crucificado en las procesiones de Málaga, con ocasión de Semana Santa, elevándolo en andas, bailándole de un lado a otro y alzándole de arriba abajo con sus brazos erguidos y al son del himno de la legión donde se reitera  de  “soy el novio de la muerte, mi más leal compañera”, incidiendo esa frase hermosa en sus adentros, al punto de producirle dolor, al mismo tiempo que le  ayudaban a reparar su miedo ante la presencia inmediata de la parca, deseando abrazarla y que lo llevara a sus moradas.
En este cautiverio estaba Antón, cuando coincidió que días antes, inmediatos a su intervención, la presidenta de la Comunidad de Madrid anunciaba a los medios de comunicación, inaugurando una carretera, que padecía un cáncer de mama, alarmando a la mayoría de madrileños, y a los pocos días de ser intervenido, Antón conoció del fallecimiento de Severiano Ballesteros como consecuencia de un cáncer cerebral, después de transcurrir tres años de ser operado del mismo, que había recurrido e invadido su cerebro hasta alcanzar el tamaño de una pelota, generando un duelo nacional, sobretodo en el mundo del deporte, y por último, Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, que reconoció padecer un tumor de pelvis, motivo que le hizo desplazarse a Cuba para remediarlo mediante quimioterapia. La solidaridad fue expresa de Antón respecto de  Hugo Chávez , y con todos los que padecen cáncer, llegando a tener carácter de excepcional, amén de que en su exposición  a los medios elevó preces al cielo, invocando a Dios y a la Virgen para que le auxiliaran en su enfermedad. De igual modo y por extensión se sintió solidario con Amstrong que en 1996 fue diagnosticado de un cáncer testicular con metástasis pulmonares y cerebrales, Robert de Niro, que en 2003, lo fue de un cáncer de próstata, Sancho Gracia, ya fallecido, prescrito de  cáncer pulmonar en el 2008, Serrat, en el 2004 de un cáncer en la vejiga , y Antonio Gala, por citar a algunas personas relevantes y más cerca de sus compañeros Comisarios de Policía, entre ellos Miguel Ángel Fernández Chico, ya fallecido, Director General Adjunto de la Policía, Marrón con un cáncer de páncreas, ya curado, y Silvestre, con cáncer de próstata, en tratamiento
Antón, atenazado por la enfermedad maldita y cruel, sinónimo de muerte, ante la dureza que manifestaba la doctora Ochoa, pasó por ciertas pruebas pero puso resistencia a una resonancia, tratamiento que consiste en introducir en un tubo al paciente, ciñendo la cabeza a una máscara de plástico y provisto de un sonador que cuelgan en una de las manos. La situación de encerramiento produjo de inmediato en Antón  claustrofobia profunda  que impulsaría a apretar el sonador y alarmar al “ facultativo resonante” para que aparcara la prueba a otro momento, retornando Antón a planta y al poco tiempo de alojarse en la habitación, se personó aquella doctora  con malos humos, recriminando la conducta, contestándole Antón que no estaba dispuesto a pasar por la misma debido a la angustia que le sobrecogía, advirtiéndole la citada neuróloga, que de aquella habitación  nunca le daría el alta, tras la amenaza  de la urgencia de pasar por esa prueba y otras más a efectos de localización exacta del tumor, sus irradiaciones y zonas que afectaba, a fin de que el neurocirujano actuara con precisión en la intervención quirúrgica.
Antón  cedió a las recomendaciones de la doctora precisando si podría ser sedado o anestesiado en la resonancia, medicación invasiva  que no era incompatible con aquélla, al mismo tiempo que hizo suya una decisión de templario y artillero, armándose con sus mejores defensas , circunstancia que le impulsaría a revisar las teorías de afanados psicólogos, entre ellos, Albert Ellis, Aaron Beak y Ausebel, autores en Psicología de la teoría racional-emotiva-cognitiva, que consiste, a grandes rasgos, en  partir del supuesto de identificar  doce pautas erróneas de pensamiento que suelen darse entre personalidades patológicas, entre ellas: necesidad de ser amado por todos, la consideración de que uno tiene que ser eficaz en todas las materias y en todas las ocasiones, o la creencia de que la felicidad es algo eterno. Según aquellos psicólogos esos pensamientos son irracionales, catastróficos y tienen que ser modificados mediante el convencimiento irracional de esas creencias. En esta línea de terapia cognitiva, aquellos psicólogos señalaron  que los errores cognitivos más frecuentes entre los individuos son las inferencias arbitrarias, la abstracción selectiva, la sobregeneralización, y la magnificación o minimización, añadiendo que pensar y sentir son dos procesos que se entrelazan y pueden hasta identificarse, por tanto, hay que eliminar diálogos internos, irracionales, que conducen a sentimientos negativos (miedo, tristezas, ira). En consecuencia aquellos psicólogos proponen que reconocer una manera irracional de pensar produce sentimientos negativos, constituyéndose en una primera fase de terapia. Y añaden, luego si pienso bien y se siguen sentimientos buenos, buena conducta; si pienso bien y se siguen sentimientos malos, mala conducta; si pienso mal y se siguen sentimientos malos, conducta indeseable; y si pienso mal y se siguen sentimientos buenos, sentimientos inexplicables.
Una fase de esta terapia racional/emotiva/cognitiva consiste en detener los pensamientos negativos dirigiéndose a si mismo a través de la palabra “basta” o concentrarse en un objeto delicado o vivencias felices, enlazando con el axioma de que la cognición y afectividad están vinculadas en las relaciones humanas, concluyendo que cuando se fractura el equilibrio de pensar y sentir las emociones se enmascaran o sobresalen.
Por tanto, Antón quedo convencido de que pensar y sentir eran procesos que tienden a identificarse y que no era cuestión banal preguntar a los sentimientos por ciertos estímulos, personas o conductas singulares. Consecuentemente, Antón resolvió cambiar sus  diálogos internos, procurando eliminar sentimientos negativos y/o pensamientos de ese cariz, e interpretarlos  y no vivir con temores, ansiedades o angustias decidiendo por generar el stop  de  pensamientos negativos que podrían destruir su personalidad, y por evidente su proceso de cura y tratamiento del tumor cerebral.
Antón convencido de que los  sentimientos se aprenden, y en consecuencia la probabilidad de que pueden   ser modificados por el aprendizaje  aceptaría  los sentimientos como algo propios, sin ocultarlos o negarlos, prestando una excepcional atención a sus  reacciones corporales que provocaban  los sentimientos que fueren y entender su lenguaje, equilibrando su espontaneidad y controlar las emociones, vivir los sentimientos con la intensidad que ellos exijan, no juzgarlos  como lógico e ilógicos, admitiendo sin más su desarrollo espontáneo, y nunca usar a los sentimientos como esgrima para obligar a otros a comportarse según deseos propios. En consecuencia el primer paso de Antón consistió en reconocer la manera irracional de pensar cuando por ese procedimiento se producían sentimientos negativos.
Antón, tras lectura de la terapia descrita se pautó acorde con la misma una serie de mensajes que los utilizaría como corazas frente a cualquier resonancia funcional y de contraste, máscara, intervención invasiva o cualquier procedimiento que le mortificara, incluso su presencia en quirófano, mostrando actitudes positivas a los diferentes facultativos que allí le atendieran. Entre los mensajes que pautó Antón y se entrenó, fueron los que siguen:
1ª.-bucear en la playa de Calamocarro, Ceuta, intentando cobrar  un pulpo.
2º.-mojarse en la playa de Denia con los suyos
3º.-evocar cuando SS.MM. le designaron como Preceptor de Don Felipe
4º.-revivir a su buen amigo Fernando Soto, por su bonhomía y largas noches de
     conversaciones mantenidas sobre temas de juventud.
5º.-escuchar música de Silos
6º.-recordar que estaba  bien y que tenía una salud de hierro con un corazón sin
     arritmia, con poca frecuencia cardiaca. Bien de tensión.
7º.-que estaba  en gracia de Dios y que Fray Lepoldo de Alpandeire le protegía
     con sus aves marías
8º.-que aún debía  ser necesario a los suyos
9º.-que debía  respirar profundamente y no alterarse.
10º.-que su madre Aurora le  daba  ánimos desde el cielo y además era
       consciente de que  muchos amigos  rezaban  por él y no les podía  fallar.
 
 Estos mensajes fueron las armaduras y espadas que instrumentó Antón  para resistir y atacar a  las innumerables pruebas que obligaba  la presencia de  aquel tumor cerebral, adoptando desde ese momento un espíritu templario, que sorprendió a la doctora Ochoa y resto de facultativos que le atendieron, aunque el paciente  informaría a los suyos que  entre aquellos mensajes los prioritarios fueron los  referentes a la música gregoriana, de Silos, que insistentemente se programó, luego su madre, seguido por  Fray Leopoldo de Alpandeire, santo que en algunas  de las pruebas Antón lo percibiría en diferentes manifestaciones, entre ellas cuando en la UCI, surtido de numerosas trompetas, y cascabeles  en número de nueve (léase vías arteriales ), a las que añadir una bolsa de drenaje de sangre que revolicaba la sangre del cerebro a través de una incisión en  la duramadre cerebral, se transformaba en una pavorosa masa de algodón para adoptar la figura de un perro guía de  raza Golden que se aproximaba y lamía sus heridas, añadiendo aspectos placenteros y de hermosa cura, en el marco de las demás setas humanas  que acompañaban a Antón, enfermos terminales que allí, en ese infierno, se dirimían entre la vida y la muerte.
La intervención quirúrgica ,tras siete horas y media, fue un éxito, pero por si acaso  el neurooncólogo de turno, recomendó  veintiocho sesiones de radioterapias que mediante disparos de fotones intentarían eliminar a las células residuales cancerigenas no rebañadas en el transcurso de la operación. Aquél mencionaría, sin darle importancia,  algunos efectos secundarios de la radioterapia, entre otros, mareos, fatiga, ausencia de apetito, pérdida del pelo en la cabeza,  rosamiento en la duramadre, aunque Antón acudió a otras fuentes, informándose del peligro que éstas contraían, entre otras, aparición de edemas en la cabeza, hinchazón del cráneo y necrosis en células no cancerígenas, incluida la muerte pasado un tiempo. En fin, en otro capítulo  de este libro, se contará cómo quedó Antón de su tumor cerebral.
Las sesiones de radioterapia fueron diarias, desplazándose Antón en ambulancia junto a su mujer, moviéndose torpemente  y doblado por tener problemas en las zonas lumbares y riñones, no sé si debido a las radiaciones. La sala de oncología, previa a las sesiones de radioterapia y quimioterapia, era de lo más deprimente que uno se puede imaginar, aunque pasados los días y coincidiendo el mismo turno en jornada de mañana se generó con el resto de personas que padecían cánceres una positiva relación preguntando con la más absoluta indiscreción, sin alarmarse el que fuera demandado sobre   el tipo de cáncer que tenía cada uno, cuestionando en su caso  si era maligno o benigno, si tenía metástasis, y si tenía remedio. Antón junto a  Leticia que padecía un linfoma ,con quien hizo una singular amistad estuvo afectado por la presencia en aquella sala de una niña de tres años con un cáncer cervical que tenía que ser anestesiada todos los días para ser radiada por sentir claustrofobia con la máscara, durando el proceso de radiación a lo largo de dos horas, y un personaje que tenía un punto cancerígeno en la frente sin posibilidad de intervención y con metástasis por todo el cuerpo y a pesar de ese problema, con la muerte a cuestas, comprobar como daba aliento a los que allí estaban. De ahí la enorme solidaridad que nació en esa sala de Oncología, ubicado en el hospital de San Chinarro.
En ese proceso el día dos de Mayo, a los pocos días de ser intervenido el autor de estas semblanzas ,  se personó en la habitación 413 del hospital Monte Príncipe a fin de animarle y darle su apoyo ,Don Felipe,  e informarle que el día anterior con ocasión de la santificación del Papa Juan Pablo II había rezado por él, alusión que agradecería Antón. Eran las doce de la mañana y día festivo en la Comunidad de Madrid, circunstancia que supongo aprovechó su Alteza para visitar el complejo hospitalario, otros días   imposible por la cantidad de gente que por aquel Hospital discurre. Su visita se hizo en la más absoluta discreción ,aproximándose con su vehículo particular, sin escoltas visibles y ataviado deportivamente ,oliendo bien , a Vetiver de Guerlain ,la misma que gastaba Antón .El encuentro transcurrió en un mar de emociones , sin que Antón pudiera hablar por dificultad de manejar  sujeto, verbo y complementos , trastabillándose las palabras ,aunque con dificultad  trasmitía a Don Felipe agradecimientos ,hablando sin parar Don Felipe  , intuyendo la dificultad por la que pasaba Antón, incidiendo,  que cuando se escabulló de Zarzuela estaba preparando una fiesta de cumpleaños de su hija Leonor, inflando globos y ubicarlos  entramados por las paredes y cordeles instalados en la habitación donde se iba a celebrar el evento. Al poco de este encuentro en la habitación 413  Mari Carmen, esposa de Antón y sus dos hijas ,Betsabé y Sofía, tras un espacio discreto y bien guardado de encuentro de dos profundos amigos, pasaron a la habitación saludándose cariñosamente ,indicando SAR a Antón  que con esa familia tenía necesariamente que luchar por la vida y mantenerse en ese objetivo , con la ayuda de Dios y Fray Leopoldo de Alpendaire, santo devoto que profesaba Don Felipe y que alguna vez  socorrió milagrosamente  en algunos de sus exámenes .
Por demás Antón en un ataque de generosidad, solidaridad  y liberalización de cosas materiales procedió y  resolvió  la donación  de mil cuatrocientos libros de su biblioteca al pueblo de Quintanar de la Sierra, con ocasión de las fiestas de San Cristobal ,celebradas el diez de Julio, y que  la Sra Alcaldesa ,Monserrat, agradeció desde el balcón del Ayuntamiento comunicando  a todos los serranos allí presentes  ,en sus primeras palabras de salutación y presentación de fiestas, el reconocimiento del pueblo y suyo, singularmente, a tan insigne serrano por la entrega  de sus  libros, que servirían para acrecentar el acervo cultural del pueblo y aquellos colindantes de  la Sierra de la Demanda. Y en esa línea de desprendimiento Antón procedió a  donar la propiedad intelectual de  tres libros suyos, que tratan la Historia de la Policía Española,  a la Fundación de Huérfanos del Cuerpo Nacional de Policía, y el resto de sus libros publicados, catorce, distribuirlos entre sus hijos.
En los intercambios con facultativos y entre pruebas, Antón se ofreció al hospital Monte Príncipe, en calidad de voluntario para asistir con su experiencia padecida para ayudar a cualquier paciente que sufriera ansiedad o angustia frente a resonancias, máscaras o intervenciones quirúrgicas, sugerencia que sería aceptada por el equipo de asistencia al cliente del hospital, ademán que sería bien visto, tras el tiempo necesario de recuperación , que iría para largo, añadiendo a esa experiencia sin igual su condición de doctor en psicología