jueves, 25 de mayo de 2017

SOBRE LA JUVENTUD



SOBRE LA JUVENTUD
El tiempo que viene, el nuevo milenio, será una época repleta de incertidumbres e inseguridades. Todos estamos situados en la edad de la crisis, donde se comprobarán mutaciones culturales, introduciéndose un remix de comportamientos y múltiples procesos de hibridación actitudinal, que urgirán a adaptaciones complejas, asociados éstas a una nueva ética sin valores, donde la economía sumergida y la comunicación no comercial, marcarán conductas y experiencias, que determinarán a la creación de imágenes más negativas de los jóvenes, etiquetándolos ya no como consumistas y amorales, sino como grandes mamones e hijos de la gran hermana.
El término juventud, es una construcción moderna, que tiene su origen a partir de la primera industrialización. En otras épocas fueron llamados púberes, efebos, adolescentes, mozos y muchachos. Los muchachos, último concepto previo a lo que hemos llamado juventud, fueron estudiados por la escuela de Chicago, interesada ésta en conocer las transformaciones que la industria había producido en la generación de las nuevas ciudades, surgiendo entonces el concepto de subculturas juveniles, analizándose a fondo las bandas juveniles que proliferaban en los espacios intersticiales de las ciudades industriales y megaciudades.
A mediados de los cincuenta, del siglo XX, asociado con el rock, surge una nueva cultura juvenil conectada a la música, que será asumida por la industria cultural, hecho, suficientemente interesante que permitiría la emergencia de un nuevo fenómeno, hasta aquel momento desconocida, las tribus juveniles, éstas, de otro calibre, y muy diferentes de las bandas juveniles de delincuentes, estudiadas por aquella escuela de Chicago. Por último, recientemente, en los setenta, del siglo XX, un nuevo enfoque ha surgido entre los estudiosos de las culturas juveniles, destacándose entre ellas la oposición de los jóvenes, o de ciertos jóvenes a permanecer en la modernidad y en la racionalidad, apostando por movimientos contraculturales.
En cualquier caso, si hiciéramos abstracción de lo que significa ser joven, diferenciándolo del mundo adulto, caeríamos en la cuenta de que es una resultante de varias connotaciones, que etiquetan y significan para diferenciar. Entre esas connotaciones destacan, sin priorizar, aparte de una edad concreta, el consumo de una música, que les hace ser aculturizados y/o sobreculturizados; el pandilleo, en el sentido de constituir grupos muy abiertos y flexibles, donde sólo tienen cabida sus iguales; y la fuerza de un “Ello”, que actúa impulsado por el principio del placer y evitar el displacer.
Una edad singular (15 a 35 años), consumo musical, en sus diversas modalidades (electroclash, metálico, hardcore, tecno, italo-house, blues, etc.), pandilleo y dominancia del “Ello” dejan sobre la personalidad diferenciada del joven algunas actitudes o posiciones muy importantes a considerar por los adultos, entre otras: rechazo de lo que no es joven y/o no se presenta como joven, fenómeno que explica la apetencia o ansia en poseer cosas/prendas que vengan determinadas por una marca, y que se reflejan en pantalones, sueters, chupas, calzados y amuletos; sordomudez, en el sentido de que escuchan muy poco, y muy especialmente a las instancias que simbolizan a la Autoridad (padres, profesores y poderes públicos), así como tienden a hablar menos, sea por falta de palabra o porque lo sugerente en la comunicación sea el mimo, la expresión corporal, el gesto y la empatía intuitiva; y muy especialmente, cierta predisposición al aburrimiento, hecho que cada día se constata en la realidad social.
Tal vez, lo más puntual de un joven o de ciertos jóvenes, y nos entristece afirmar esta hipótesis de trabajo, consiste en que están o se sitúan en una incapacidad de sorprenderse, sea porque los estímulos (personas, cosas, ideas, etc.) no llaman a la atención suficientemente y/o pasan sencillamente de ellos, incrementando aquella incapacidad, que determina un momento o situación de aburrimiento.
Una primera conclusión de lo que venimos diciendo consiste en que ser joven, es una etiqueta de variadas lecturas, dependiendo de la edad, profesión, clase social, experiencias y demás factores de menor peso, por parte de quien percibe aquélla etiqueta.
En este orden, una de las lecturas básicas que hay que hacer sobre la juventud, consiste en el hecho de su carácter diferencial, determinado por la situación. A pesar de la contracultura y/o subcultura dominantes no puede afirmarse desde el rigor las siguientes cuestiones:
-       Que los valores de la juventud inglesa, alemana, italiana y española, entre otras, sean coincidentes.
-       Que las actitudes de aquellas juventudes respecto de marcos de referencia, tiendan a ser idénticas o estén en las mismas cotas de un proceso.
-       Que los comportamientos inadaptados y marginales sean de la misma naturaleza.
Desde la perspectiva del matiz citado, las últimas encuestas reflejan que la sociedad española considera a sus jóvenes, alegres, tolerantes, solidarios, sinceros, contestatarios, sin perjuicios, independientes e inmaduros. El 71% de los entrevistados está en la opinión de que los jóvenes se interesan, en “pasárselo bien”, y también en la creencia de que deberían interesarse más por el estudio y el trabajo, a fin de prepararse para el futuro. La imagen que la sociedad española tiene de su juventud se resume en que estos no se interesan por la política; se guían por las modas; y que la sociedad les exige demasiado. Según las encuestas, más del 70% de los jóvenes españoles (15-35 años) viven con sus padres, básicamente por razones económicas. En cuanto al ocio los jóvenes dedican la mayor parte del tiempo libre a ver televisión, oír música, y salir con amigos. Sólo el 12% está integrado en una asociación.
De otro lado, el Instituto de la Juventud ha publicado informes recientes donde destaca que los jóvenes españoles se perciben inmaduros, contestatarios, tolerantes, complicados y con la carga sentimental generalizada de que las necesidades materiales están cubiertas por sus padres, intuyendo un futuro personal incierto, de lo que coligen que hay que vivir al día. Desconfía, la juventud, además, en alcanzar el bienestar personal trabajando duramente, (trabajo y sacrificio fueron valores de sus padres), y consecuentemente no creen que valga la pena volcarse en el trabajo o dejarse la vista en los libros, (el braguetazo, la pareja rica, o confiar en la fortuna pueden ser soluciones alternativas).
Se añade en los informes la inculpación a los otros “sin caras”, sus dificultades e impotencias. Se trata de una juventud extrapunitiva. Son muy “morales” en el sentido de condenar conductas o negocios turbios como la droga.
Resumiendo, la juventud española:
-       Sitúa como valores fundamentales el saber, el amor y la independencia. No obstante, se observa que hay ribetes de particularismo y etnocentrismo, que dibujan y determinan una cierta insolidaridad respecto de sus semejantes.
-       Manifiesta poco interés por la vida pública y menos en las actividades políticas. Desconfían de todas las instituciones sean administrativas, políticas o religiosas.
-       Las personas que no les gustarían tener como vecinos, entre otras: drogadictos 39%; alcohólicos 9%; con antecedentes penales 9%; inestables emocionalmente 8%; con sida 7%; de extrema derecha 6%; sectas 3%; homosexuales 3%; y de otra raza el 1%.
-       Se considera inferior a alemanes y norteamericanos, y superiores a portugueses, marroquíes, rumanos y latinoamericanos, derivadas éstas por razones económicas, culturales y educativas. Los principales motivos de orgullo de los jóvenes españoles consisten en “el modo de ser” un 44%; cultura, historia y lengua, 29%; y la belleza del país 14%.
-       Las acciones que menos justifican son entre otras: tomar drogas, suicidarse, aceptar sobornos, prostituirse y abortar.
Se añaden a estas consideraciones:
-       Gran rotación laboral.
-       Muy lento el ritmo de emancipación económica, sólo el 18% de los jóvenes son económicamente independientes; y en consecuencia, las dificultades en la emancipación hacen propasar el retraso de la salida del hogar.
Consideradas estas actitudes/posiciones de la juventud española, que aparece como dulce, interesa destacar algunos comportamientos que pueden ser problemáticos de inmediato, y que se añadirían a las que a continuación mencionaremos sobre masificación juvenil, a saber:
-       Continuismo en el seno familiar de los jóvenes por precariedad de trabajo, desempleo prolongado, desmotivación, ausencia de expectativas, etc..., que alimentan el etnocentrismo y generan una posible carga de conflictos familiares, que pueden acabar en maltrato de mayores.
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