lunes, 30 de mayo de 2011

EDUCACION Y VIOLENCIA

Desde una perspectiva histórica , occidental, a considerar por cualquier estudioso respecto del sentido y valor de la educación en relación a la violencia/no violencia , es preciso reseñar aquellos valores más sostenidos por la escuela en su consideración formal ,reglada, institucionalizada .En este orden hay que tener en cuenta a los primeros padres de la Iglesia, hasta el siglo III, Cipriano, Tertulino, Lactancio y Arnobio (El evangelio de la no violencia, Jean M. Muller, Fontanella, Marova, págs. 98 y 99) que destacaron, entre otros , que los valores cristianos más importante y a postular en la escuela están referidos al cultivo de la paciencia y a devolver bien por mal, concepción que cambiará con San Agustín que acuñaría aquello de que el amor a los enemigos no excluye el recurso a la violencia y al homicidio, abandonándose, en consecuencia, aquel precepto cristiano de ofrecer la otra mejilla y devolver mal por mal. San Bernardo en el siglo XII ,en época Templaria y Cruzadas contra infieles musulmanes olvidaría lo concerniente a la virtud de la paciencia, exaltando el ideal impaciente y violento del monje soldado, tras escribir textualmente “si el cristiano parte para la batalla con el único deseo de matar o si alimenta hacia el adversario el menor sentimiento de odio, comete pecado de homicidio aun cuando no matara; pero si el cristiano parte para la batalla con el único deseo de servir a Cristo y a la Iglesia, entonces puede estar seguro de realizar su salvación”, y fuera del terreno de la Patrística, un Aristotélico, Santo Tomás ,justificará el valor/contravalor de la violencia por razón de Estado, legitimándola, renunciando así a las exigencias del Sermón de la Montaña, tras invocar el derecho a la defensa violenta, muy distinto de aquel formulado por los primeros cristianos de poner la otra mejilla.

Los últimos Concilios admiten el principio de legítima defensa que justifica el recurso a la violencia. Pablo VI en su Encíclica “El Progreso de los Pueblos” escribe que frente a situaciones cuya injusticia clama al cielo grande es la tentación de rechazar la agresión por medio de la violencia. Solo en dos casos es posible la violencia , según aquel Obispo de Roma , primero, cuando se atenta gravemente contra los derechos fundamentales de la persona, y segundo, cuando se perjudica peligrosamente al bien común del país.

En cualquier caso y extraño a las entendederas de Doctores de la Iglesia , sobre lo que sea la concepción de la violencia humana , a ésta se le han atribuido trascendentales valores de adaptación y supervivencia, tras argumentar etólogos y antropólogos relevantes , con relativa simpleza, que el hombre procede de fieras carnívoras, que de acuerdo con su especie seguirá siendo una bestia que mata, hechos que han venido a mostrar lo inevitable de aquélla , razón por lo que aquella violencia ha sido alabada y enaltecida por ciertas doctrinas y filosofías, incluso autores cualificados, como es el caso de Desmond Morris que exhorta la necesidad de aumentar la violencia en la sociedad para que no se aburra, y que George Sorel afirme sobre la misma que es un fenómeno originario de la vida que no necesita del beneplácito del Derecho, ni de la Ética para su existencia. Sorel predicó y propuso la brutalización de la sociedad para poner fin al capitalismo bancario y otros fenómenos de decadencia de la burguesía, sosteniendo que la violencia es la gran pasión, la íntima fuerza mística y el poder irracional reconstructor

Friedrich Hacker, en ediciones Grijalbo, Sobre la Agresión, 1973, págs. 117, 120, y más adelante, pág. 125 y siguientes, escribió que la violencia ha sido ensalzada por comunistas, anarquistas, fascistas, izquierdas, derechas, como único e inmejorable recurso para el logro de la humanización, conquista de identidad y autoafirmación. En este sentido Sartre, Fanon, Che Guevara, Ho Chi Min, Mao Tse Tung celebraron y ritualizaron su propia violencia como antiviolencia justa, como algo liberador, redentor, unificador y altruista . F. Hacker afirma, con rotundidad, que cualquier Institución, entre ellas la Escuela, es objetivamente agresiva/violenta; y que por su misma esencia debe servirse de la agresión objetiva para poder cumplir su función de frenar y guiar la agresión individual .

Jeremy Bentham, citado por Shipman, pág. 127, Sociología Escolar, Mo-rata, precisó que las escuelas se han diseñado arquitectónicamente para que los niños puedan ser supervisados y controlados de manera continua a fin de prevenir los intentos de desórdenes, del mismo modo que las prisiones, donde se dominan todas las áreas para supervisión, y añadir, que los equipos docentes aprenden, al igual que los equipos de prisiones, dónde y en qué tiempos es más favorable que las perturbaciones rompan, asegurándose que cada uno de los alumnos estén en su sitio, aulas, comedores, recreos, y también, saber quiénes son los que ponen la chispa de violencia o perturbación a fin de controlarlos y aislarlos, actividades que se encargan a monitores o prefectos, que actúan con principios exclusivos de autoridad y orden, por delegación exclusiva de los directores escolares.
Los nuevos edificios escolares que surgirán acorde con esta filosofía lleva-rán el sello del “Panóptico” de Jeremy Bentham, edificio ideado con forma radial y un centro de control desde donde un vigilante puede observar cada uno de los movimientos de los alumnos, sin ser vistos. El Panóptico es un producto del iluminismo donde la mirada y la luz son elementos imprescindibles. En el panóptico se logra una mirada omnipresente y vigilante, facilitado por su estructura semicircular con habitaciones que están abiertas hacia el interior de un patio y cerradas hacia fuera. En el patio, en el medio del diámetro hay una torre de vigilancia que todo lo mi-ra. Este modelo Bentham lo propuso para vigilar cárceles, hospitales, escuelas, lugares de trabajo, etc, del que dieron buena cuenta los Hermanos de la Salle en su cristianización escolar en Iberoamericana.

Julio de Antón
Doctor en Psicología,
Consultor Antiviolencia escolar, juvenil y futbol profesional