lunes, 30 de mayo de 2011

MODELOS CRISTIANOS DE CONTROL ESCOLAR

Los maestros, según el modelo cristiano, deben actuar en representación de los padres, que son los responsables ante Dios de la educación de sus hijos. La escuela y la familia educan y crían para generar cristianos para el cielo y ciudadanos para la patria. Los padres educan con el ejemplo. En las casas y escuelas se cuelgan retratos familiares e imágenes piadosas. La familia se organiza como escuela doméstica donde el padre examina tareas escolares y las madres instruyen normas. El catecismo prepara a los jóvenes para el matrimonio y maternidad. En los hogares y escuelas cristianas se han de apartar los malos libros, periódicos y revistas, y todo cuanto sea nocivo para el orden moral. Bajo esos principios los maestros son reclutados en el XIX por las Órdenes religiosas y las escuelas son consideradas como “asilos del saber”, donde se “sujeta a la infancia”

El modelo Lancasteriano que sostuvo a la escuela pasiva-verticalista destacó como elementos disciplinarios la memoria, los encierros y castigos, sumando rudimentos de escritura, lectura, cálculo y rotación de puestos en bancada, sistemas de emulaciones, monitores y vigilantes, todo ello enlatado en una perfecta maquina escolar que procuraba la ocupación constante de los niños, capturando permanentemente su atención, mediando premios y castigos, donde cada acción de aprendizaje o conducta sería evaluada, premiada o castigada, sistema que puso de manifiesto que “la letra con sangre entra” y donde la disciplina se imponía en base a palmetazos, látigos y varas, unido a encierros prolongados y penas infamantes. Esa máquina escolar pretende como objetivo “normalizar a las clases pobres”.

Los hermanos de la Salle critican el sistema de Lancaster, denunciando que el temor genera sumisión, apocamiento interno y que la excesiva subordi-nación podría provocar rebeldías, y además, que la excesiva autoridad del docente podría generar arbitrariedad, corrupción, argumentos que los sale-sianos utilizaron para abogar por la abolición de la represión brutal en las escuelas, aunque mantuvieron el término de represión, considerado como medio coercitivo para contener/sujetar a niños, a fin de corregir defectos, cuando resulten insuficientes estímulos procedentes y uso de la persuasión.

La escuela de los Hermanos Cristianos Salesianos incorporó la organización jerárquica del profesorado, vigilantes, bedeles y monitores que permitía desarrollar mecanismos de control y promover “policías escolares” que funcionan con sistemas de “delatores” reclutados entre niños y monitores, que se apostan en lugares estratégicos de los recintos escolares para controlar y vigilar. En este modelo gana interés “el maestro vigilante” que no pierde de vistas a sus pupilos, y él mismo se constituye en un arquitecto moral y ejemplar.

La arquitectura escolar privilegia los espacios cerrados, al modo de claustro o asilo, que aísle del mundo, instando a vivir en vida cristiana, y donde las aulas viertan a patios interiores y que las clases se adecuen a la contigüi-dad, intercomunicadas por amplios corredores, fáciles de controlar y vigi-lar.

Los maestros son “pastores de almas” que vigilan y controlan aulas, dormitorios y recreos .La enseñanza se organiza por un sistema de premios y castigos, con procedimientos de emulación, ascensos, privilegios, menciones honoríficas, cuadros de honor, recompensas, entregas de relicarios, rosarios, medallones ,estatuas de la virgen, y también penitencias o penas en formas de reproches.

El modelo de educador de las escuelas cristianas es un sujeto vigilante, in-cansable y de ojos perspicaces, y a la vez, apacible y fraternal; preocupado de la inocencia de los alumnos, y que procura alejarle de los peligros que acechan, entre otras las lecturas perniciosas.El educador cristiano debe tener vista aguda y saber leer en los corazones y también “calar el pensamiento”.

El castigo se estableció en las escuelas salesians , en calidad de economía de enseñanza , a la par que método tradicional para imponer disciplina entre alumnos díscolos , castigo aquél que sería desplazado a lo largo del siglo XIX hacia el alma o sus referentes como es el caso del honor, estima, afectos, permitiendo en el proceso del tiempo que los castigos se clasificaran de acuerdo con la gravedad de las infracciones, desarrollo físico y mental de menores escolarizados, y acorde con unos principios mínimos, entre otros, que los castigos deberían aplicarse con reflexión y pensados previamente, a la par que debían buscar la retribución y evitar su uso reiterativo.

Los Salesianos, en la maquinaria de los castigos escolares diseñaron fases, primero, la advertencia, segundo, la amenaza, y tercero, aplicación de casti-gos. La peculiaridad del sistema Salesiano consistía en que las correcciones del maestro son puras, desinteresadas, no apasionadas, justas, prudentes, buscan el equilibrio y perfección de los menores, son caritativas, basadas en la prudencia y en la justicia, y de otro lado, entre los alumnos, que pade-cen/asumen correcciones, se alimenta la idea de que aquellos deben recibir los castigos con respeto, de manera voluntaria, y silenciosa.

A los Salesianos les cabe la distinción de haber inventado la mejor máquina de castigar en la escuela, generando un sistema de sanciones morales a través de reconversiones, amonestaciones, privaciones de amor y afectos, y una red que pone en juego el honor y estima de los menores.