lunes, 22 de febrero de 2016

EL 23 F, SEGUN JULIO DE ANTON,CAP 4 DE SU LIBRO "FELIPE VI , ASI SE EDUCO EN SU INFANCIA Y PUBERTAD"

Se relata el evento del 23F, desde dentro y con rigor, haciendo una crónica de cada momento, desde las diecisiete horas del día veintitrés de Febrero hasta las nueve de la mañana del día siguiente, poniendo en evidencia a ciertos personajes, presentes en Palacio, con sus actitudes, comportamientos y expresiones, singularmente las referentes a los Ayudantes de Campo,  Sabino, Marques de Mondejar y otros de mayor o menor relevancia.


Eran las cuatro horas y media de la tarde  del 23 de Febrero de 1981,  lunes. Como siempre un coche  de Zarzuela aparcó próximo a las cercanías  del chalet-residencia del Director del Colegio de Huérfanos de la Dirección General de Seguridad, sito en la plaza de Carabanchel bajo, nº 5,  coche oficial del parque móvil, al objeto de recoger a Antón que como todos los lunes, miércoles y viernes cumplía tareas de refuerzo escolar y extraescolar con SAR  Don Felipe en el Palacio de la Zarzuela. Aquel día Antón almorzó  un excelente  arroz con carne y chorizo en el comedor del colegio, regado con un vino de Rioja,  acompañado de  sus colegas de Junta, entre ellos, Cesar Pérez de Tudela, celebrado alpinista y montañero  e Inspector Jefe del  Cuerpo Superior de Policía, con funciones de Preceptor en el Colegio, Seoane, llegado a capitán de policía armada por ser el oficial chusquero más limpio y ordenado desde una perspectiva estética, de esa fuerza de seguridad, instrumentado como oficial abanderado por su buena compostura y galanura, en tiempos de los grises, encargado del régimen interno, Luis Martín Barroso, responsable del gabinete de orientación, pedagogo ilustre, reeducador de menores difíciles y luego diputado por UCD, y más acá, empresario de la construcción  que creó un imperio en Panamá, Colombia y Bolivia, y Paco Fuentes, Doctor en Filología, Inspector Jefe de policía y secretario en funciones del colegio, luego miembro rotario destacado y socialista de carné. La charla en el transcurso de la comida se extendió sobre cuestiones que podrían plantear los padres de alumnos en la reunión que se convocaría en fechas próximas, al objeto de introducir actividades extraescolares como gimnasia deportiva, ballet, informática, talleres de expresión, cine forum, Judo, y un listado que integraba más de cuarenta actividades con el fin de buscar y pretender, mediante  oferta de estas oportunidades, diferenciar y matizar entre los alumnos, partiendo del criterio que la educación personalizada consiste en formación curricular más actividades extraescolares que  son los que otorgan  diferencia y calidad, y además, sellan  las  personalidades.

Antón distraería  la ruta, ya conocida y cansina, desde el Colegio de Huérfanos  al Palacio de la  Zarzuela con lecturas de problemas y ejercicios resueltos de matemáticas, física y otros saberes curriculares, singularmente historia y  filosofía,  hasta llegar a la portería de Palacio al objeto de  trasbordar a otro vehiculo de más empaque y seguridad  que sería el que regresaría a Palacio con Don Felipe, acompañado por Antón. Nada más salir del espacio de Zarzuela y rodar por las carreteras que aproximan al Colegio Rosales, Antón se extrañó de la cantidad de guardias civiles presentes en las inmediaciones de la calzada, depositados en parejas cada doscientos metros aproximadamente,  y más cuando al llegar al Colegio Rosales observó, extrañamente,  la presencia, de paisano, del Teniente de la Guardia Civil Constantín ocupado en Palacio mediante  desempeños tildados de asuntos generales, que lo hacía a todo, y  que había servido en la escolta motorizada  del Caudillo, cuando era sargento. Constantín no estaba sólo, acompañándose, al menos  de cuatro guardias  civiles de Zarzuela, todos ellos vestidos de paisano. Antón sorprendido y alarmado  por esa anormalidad, preguntó a uno de los inspectores de policía allí presentes por Carlos Ríos Miranda, Inspector Jefe  y responsable del servicio de seguridad de S.A.R. en el transcurso de la jornada docente del  Colegio Rosales. Carlos ratificaría a Antón la presencia de Constantín en los accesos de vehículos y personas en el Colegio, participando también su extrañeza con expresiones - ya sabes Anton  la Guardia civil sabe introducir  su pie en la entrepuerta por si pueden entrar y además –añadiría Carlos – les enseñan en la Academia  a dar dos pasos hacia  adelante y uno para atrás, como si bailaran la yenka.-

A la vuelta de Rosales, Anton  observó  que el número de guardias civiles se había incrementado notablemente, y que inmediatamente detrás  del coche escolta policial se había situado un coche escoba ocupado por Constantín y sus guardias civiles. Hecho que extrañó al jefe de escolta, Sr. Ríos  Miranda.  

Con la mosca tras la oreja Antón y Don Felipe  se dirigieron, como era habitual, al despacho de S.M. el Rey, retirándose Antón a una pieza situada al lado del despacho de Ayudantes, atendido por el teniente coronel Palacín, del arma de aviación, que con la debida atención comunicó a Don Felipe que S.M. el Rey no se encontraba en el despacho y que podría verle en el pabellón de piscinas, donde jugaba un partido de squash con su amigo Cavero. Cumplido el recado del ayudante  Don Felipe y Antón pasaron  a merendar al comedor de Palacio, atendido por Juan, camarero real que  sirvió   una vianda de picadillo, patatas fritas y pisto que sabían a gloria, preparada por el bueno de Ricardo, sobresaliente cocinero y excelente persona.

Tras la apetitosa yantada Don Felipe y Salvador se dirigieron a su salón de estudio y recreación, ubicado en el pabellón de piscinas, gimnasio y deportes, y que también servía de alojamiento a personalidades e íntimos de la familia real. Ese espacio docente y recreativo estaba separado de las piscinas por cristaleras, adornadas  sus paredes  con  veintitantas cabezas de ciervos y corzos de  veinte y treinta puntas, muchos de ellos medallas de oro, la mayoría abatidos  por S.M. el Rey. La mesa de trabajo era pentagonal y de color azul clarito, con cinco sillas correspondientes. Al lado de ese pupitre había una mesa de pin-pon y un futbolín.

En ese escenario S.M. el rey salió en chándal, tras jugar un partido de squash con  Rafael Cavero, expresidente de la Federación española de atletismo, acompañado por Miguel Arias, experto esquiador y responsable de las instalaciones de esquí en Baqueira Beret,  e Ignacio Cano conavegante en el Bribón, sobre las diecisiete horas y cuarenta minutos, momento en el que Antón explicaba cuestiones de química inorgánica, tarea que debería ser reforzada ante exámenes próximos en el Colegio Rosales.  S.M. besó cariñosamente a su hijo y a Antón le saludo preguntando que tal iba con los estudios, añadiendo –sé que de vez en cuando os montáis unas meriendas de huevos fritos con chorizo en las inmediaciones de  Zarzuela y que tenéis un campamento en una vaguada del riachuelo, que ni yo ni la Reina podemos invadir, por las muchas defensas que habéis construido-

Tras ese comentario, S.M. abandonó el salón de estudio y recreo. Antón y Don Felipe continuaron con su ocupación hasta que una llamada telefónica, procedente de su mujer que alterada le comunicaba, con alarma y preocupación, el asalto que se estaba produciendo en el Congreso de los Diputados por un Guardia Civil, cuando eran las dieciocho horas y cuarenta y dos minutos, armado con una pistola, procediendo a secuestrar, apoyado con fuerzas de aquel Cuerpo, en calidad de  rehenes a los diputados en Cortes con la intención de dar un golpe de Estado. Al momento Antón con la excusa de fumar un cigarro fuera del espacio de estudio, dejó a Don Felipe, desplazándose deprisa por pasillos y salones de palacio hasta llegar al despacho de S.M., que vestido de capitán general del ejercito de tierra le indicó que el Príncipe se incorporara con urgencia  al seno de su familia, sugerencia  que cumplió Antón, sin que S.A.R. advirtiera amenazas o cualquier clase de inquietud.


A partir de ese momento Antón asistiría excepcionalmente a un teatro donde se iban a dramatizar renglones muy serios de la historia de España. El telón de ese escenario  se abriría con una confusión por parte de los que estaban ocupados en Zarzuela, entre ellos,  la Gobernanta, Paqui, Juani, camareras de S.M la  Reina, Juan y Paco, camareros de S.M. el rey, ayudantes de S.M. Muñoz Grandes, teniente coronel del ejercito de tierra, Palacín  y Merry tenientes coroneles de aviación, y a lo largo de la noche el Comandante Sintes de Ingenieros así como  el coronel Heredia, Colón de Carvajal,   y el Marqués de Mondejar que sentado en el despacho de Ayudantes sentía, y así fue  el parecer de Antón, que el mundo se le caía encima, abrumado y desengañado que  un colaborador suyo en Palacio  y amigo, Armada, hubiera traicionado la confianza del Rey y se levantara  en su nombre  para cambiar el régimen de España. Sabino, que ocupaba el puesto de Secretario General que heredó de Armada, era –según Antón- persona escurridiza, huidiza, como el pez que no puedes atrapar con las manos, que aprovechó la ocasión de su vida mediante la observación y comprobación de  la desazón y bruma que aplastaba el ánimo del Marqués que debía ser quien liderara y comandara estrategias, logísticas  y tácticas que se resolvieran en Zarzuela, orientando y asesorando a la toma de decisiones que resolviera S.M. Sabino aplastó al Marqués aquella noche  con el puñetazo de Armada, golpeándole donde más le dolía, la lealtad debida y luego quebrada a S.M. el Rey , tras años de profesor de refuerzo compartido desde que el Rey asistiera a las Academias militares.

En ese escenario Antón asistiría y sería testigo de acontecimientos inéditos, entre otros la actitud y comportamiento de ciertos  personajes que en aquella tarde-noche cobijaba la Zarzuela. Las circunstancias o la  proximidad hacia Don Felipe  hicieron posible que Antón se  instalara  en un despacho cercano a S.M., e inmediato al ocupado por los Ayudantes de Campo, espacio aquél  reservado y ubicado  al final del pasillo según se accede desde el salón de entrada  a  Palacio y  que S.M. utilizaba en calidad de radio aficionado. Aquel despacho lo ocupaba momentáneamente, a efectos de redacción del borrador- documental que se pasaría en televisión por parte de S.M.,  Manuel  Prado  Colon de Carvajal, amigo personal del Rey,  presentado por un  primo y muy amigo de S.M. en la década de los setenta, Carlos de Borbón dos Sicilias.

En ese despacho  Antón  se ocuparía en trasladar a Colón de Carvajal las noticias que se sucedían en la radio ,destacando entre otras el hecho   de que  José María García que protagonizaba una emisión de radio deportiva con una audiencia que superaba el millón y medio de españoles , y que al tener conocimiento del golpe a la monarquía  abandonó los reportajes deportivos del día para sumarse a la opción del Rey  y por evidente apostar por Don Juan Carlos, frente a la  asonada militar, liderada por Armada y Milans del Bosch, destacando por otra parte los mensajes del Presidente de la Generalitat , el Muy Honorable Sr Puyol que animaban en la misma línea de apoyo a la  monarquía y por último, entre las noticias sobresalientes  y  pasadas a Colón de Carvajal surgió aquella, donde se anunciaba  que  sobre la una hora y  cuarenta minutos  de la noche del día veinticuatro de febrero   que el comandante Pardo Zancada salía apoyado con ciento trece hombres de la policía militar de la División Acorazada Brunete, apostando por el monarca  y contra la rebelión militar , momento  que en principio llenó de entusiasmo  a Colon de Carvajal y que así  trasmitió al Marqués de Mondejar y a S.M. el Rey, contagiando al personal asistente, situación que se frustraría a las dos horas de la madrugada de aquel día. Ese entusiasmo de alegría y esperanza se quebró  cuando al llegar a las inmediaciones del Congreso las fuerzas de policía militar que lideraba Zancada  se sumaron   a los guardias civiles que secuestraron a los diputados y  constatar, pasado un tiempo, que aquél Comandante de Estado Mayor estaba involucrado en la trama militar, ofreciéndose a Tejero en todo lo que concernía  al golpe, tras comprobarse que en la víspera se había desplazado a Valencia y allí informar a Milans  del Bosch de su colaboración, al lado de San Martín López, a la sazón,  Jefe de Estado Mayor de la División Acorazada, encargado de distribuir las unidades de aquella División para tomar los centros de interés cívico-militar  ,entre ellos Prado del Rey, desde donde se emitía el programa de televisión española en directo.


Antón en la trágala de los Ayudantes de Campo de S.M escuchó al teniente coronel Muñoz Grandes decir a S.M. –  Sr. el Teniente Coronel Tejero es de mi promoción en Zaragoza  y hasta ahora le he considerado amigo mío ¿quiere V.M que hable con él y  dé explicaciones? -, y en un momento de desasosiego de S.M. estando presente el Ayudante de Campo Merry, Teniente Coronel de Aviación  le dice que hable con su tío, Pedro Merry Gordon, Capitán General de Andalucía, número dos del Generalato español, tras el General Campano, con sede en Valladolid, a fin de que dejara de beber whisky y alardear con uniforme tanquista, vestido de legionario, a  pesar de que sobre  las veintitrés horas y cuarenta y un minutos recibió un teletipo de S.M. en el que literalmente se le ordenaba lo que sigue ”ante la situación creada por sucesos desarrollados en Palacio de Congresos  y para evitar  cualquier confusión, confirmo he ordenado autoridades civiles y Junta Jefes de Estado Mayor tome todas medidas necesarias para mantener orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Cualquier medida  de carácter militar que en su caso hubieran de tomarse,  deberá contar con la aprobación de la JUJEM. Ruego me confirme que se retrasmiten a todas las autoridades del Ejercito.”.Y poco después de este incidente saltara otro Ayudante de Campo de S.M., teniente Coronel  Palacín, sugiriendo a S.M –Sr. ha pensado que los Capitanes Generales que han declarado lealtad inquebrantable a S.M  y que se han puesto a sus órdenes tienen una pistola ajena en sus sienes-

Antón nada sabía sobre las conversaciones que mantuvo Sabino con los Generales   Armada y Milans del Bosch, por la  reserva y discreción conocida de aquel personaje, que mantuvo  la puerta cerrada del despacho de S.M. mientras hablaba con aquellos golpistas,  pero sí tuvo conocimiento a nivel telefónico  de  la que existió entre S.M. y Milans, por lo alterado y fuera de tono que adopto S.M, amén de  la forma  que se produjo, y con el añadido  de que la puerta del despacho del Rey estaba abierta, expresándose S.M. con exclamaciones variopintas, exabruptos y abroncamientos a Jaime Milans del Bosch, conminándole entre otras expresiones :  “a  que sacara los tanques de las calles de Valencia”; “ si deseas cambiar el orden constitucional abandona el uniforme que has manchado y vete por los pueblos de manera civilizada ,sin tanques , y participa tu verdad, en democracia”;  y, “deja de joderme”. En un momento, tras el desconcierto con los militares, S.M. el Rey dijo a Antón “me siento vejado, humillado con este uniforme”, interpretando Antón que S.M. no comulgaba con los golpistas y algunos Capitanes Generales , singularmente los procedentes de los Ejércitos de Tierra, sin  que los hubiera de la Armada y Aviación, y que no respondían a sus llamadas o lo hacían con evasivas.


Mientras tanto los servicios de seguridad de Zarzuela y singularmente de la familia Real  estuvieron en manos del Cuerpo Nacional de Policía que en número de quince  funcionarios , al mando de un inspector jefe, rotaban durante diez días las veinticuatro  horas ,mientras otro equipo hacia funciones de información y otro de cobertura, distribuyéndose los mismos  cinco al servicio de S.M el Rey, tres para S.M la Reina, dos para S.A.R. el Príncipe de Asturias y dos para cada una de las Infantas, doña Elena y Cristina. Antón tuvo conocimiento de que estos funcionarios se pusieron sin más a disposición de la monarquía constitucional desarbolando a la Guardia Civil que prestaba servicios en Zarzuela y ocupando los espacios de acceso a la residencia Real, así como cocina y oficinas de planta baja, donde estaban los despachos del Jefe de la Casa Real, Secretaría General y todo el equipamiento administrativo de protocolo y relaciones institucionales. Además, supo que algunos inspectores libres de servicio y adscritos a la Casa de S.M. se desplazaron al Palacio de la Zarzuela y otros al Congreso de los Diputados, donde uno de ellos, Monterroso, según Colón de Carvajal, y que  comunicó a S.M., que estaba  a escasos metros de Tejero, esperando  órdenes, provisto del arma reglamentaria, a los efectos que conviniera, recibiendo respuesta e instrucción inmediata  de que se atuviera a las órdenes que diera Laína, por aquel entonces nombrado por S.M. como responsable  de la situación de crisis generada por el golpe.

Antón sobre las tres horas de la mañana observo como S.M. la Reina  se afanaba  en dar ánimos a los que quedaban en Zarzuela y servir unas viandas que había preparado el bueno de Ricardo, cocinero, cuando las cuestiones no estaban claras, a pesar  de que sobre la una y cuarto de la madrugada se lograba emitir el mensaje del Rey y poco después Armada abandonaba el Congreso de los Diputados, salpicado este incidente con el apoyo de Pardo Zancada sobre las dos horas del veinticuatro de Febrero que acudió a apoyar a Tejero con varios coches de policía militar.

Entre las dos y las cinco y media la zozobra de los allí reunidos fue tremendamente dramática, incrementándose,  pensando cada uno de ellos en sus familiares y en si mismos, a la espera de acontecimientos, cargados de riesgo, de lo que sucediera en el Congreso con Tejero, al mismo tiempo todo aquello que pudiera generar  una reacción en cadena en las Fuerzas Armadas y de Seguridad del Estado en contra de la monarquía y por evidente, apoyando a los golpistas.

Sobre las cinco horas y cuarenta minutos de la madrugada, Juan, uno de los camareros de S.M. el Rey, avanzó rápidamente por el pasillo que da acceso al despacho de Ayudantes, participando a los mismos que con ocasión de despejarse en la zona trasera de  Palacio e  inmediata a las piscinas donde existía una balconada hacia una huerta escuchó  un ruido extraño, como de tanques, que avanzaban hacia Palacio, que unido a la situación de desánimo expresado anteriormente por los concurrentes, motivó que S.M., Ayudantes y escaso personal, entre ellos Antón, que aún permanecía en Palacio, se desplazaran, con premura hacia el lugar indicado por Juan ,  a fin de comprobar lo expresado por este camarero, constatando ruidos parecidos a lo anunciado por Juan, razón por la que S.M. ordenó a uno de sus Ayudantes de Campo, a fin de que el Coronel Sebastián Sánchez Bilbao, jefe de la unidad de helicópteros, y antiguo ayudante de S.M., de probada lealtad a la monarquía para que despegaran unos helicópteros y sobrevolara las inmediaciones de la Zarzuela, al objeto de comprobar lo que se temían. A los diez o quince minutos de dar la orden se recibió mensajes de aquella unidad, que tras sobrevuelo por los campos de Zarzuela, constató la  ausencia de los mismos. En definitiva aquel ruido entumecedor y aplastante que oyó Juan y que impulso a S.M. a que se comprobara  procedía de la carretera de la Coruña, bajante hacia Madrid, con numerosos vehículos rodantes, en hora punta.
 
Antón se retiraría de Palacio sobre las nueve horas de la mañana del día veinticuatro, dirigiendo su vehículo hacia su domicilio donde le esperaban su mujer, hijos y amigos, entre ellos, Antonio Pascual del Riquelme y Tejera, Manuel Sainz Pardo y Toca, Gonzalo Sánchez Cuadrillero, Luís Martín Barroso y Roland Burger, todos ellos educadores principales en los cursos que coordinó Antón para formar y educar a S.A.R. el Príncipe de Asturias, contándoles, a grandes rasgos, lo aquí descrito con detalles, advirtiendo a los mismos que nada dijeran y escribieran sobre lo que Antón  dio fe que ocurrió, indicación o sugerencia que fue cumplida fielmente por aquel equipo, y que Antón en estas Semblanza ha fracturado, contando lo allí ocurrido en el ánimo de desvelar la realidad histórica y no las chapuzas narradas o vistas en diferentes medios de comunicación.

Sobre las once horas del día veinticuatro de Febrero todos los españoles quedaron  atónitos y desconcertados cuando contemplaron  en la televisión  la manera de despedirse los guardias civiles de su Teniente Coronel Tejero, saludándole respetuosa y militarmente. Las conclusiones de aquel 23 F, según Antón, fueron varias y de órdago a la grande, en principio, la monarquía constitucional triunfó y se consolidó en la democracia, proclamando a  S.M. el Rey  como líder de  las Instituciones del Estado, circunstancia que ni de lejos tenía, a pesar del  “dedazo” de Franco. En segundo lugar acabó la asesoría y mecenazgo de un Marqués de Mondejar, hombre bueno donde los haya, Jefe de la Casa Real, sustituido por  “Sabino“, individuo que aprovechó las debilidades del Marqués y de sus  artes de seducción, en las que era muy habilidoso, y mostrarlas a S.M. en aquellas circunstancias, donde la sutilidad, el diálogo, la negociación y la templanza eran cualidades a tener en cuenta, y de esas aquél personaje  sabía un montón tras pasar por el curricular de  la Administración del Estado, asentado en los altos cargos y así entrenado para adoptar en situaciones comprometidas las decisiones que convinieran y que  requerían de aprendizajes complicados y experiencias novedosas. En tercer lugar desapareció del teatro político Adolfo Suárez, personaje que Armada puso en el punto de mira cuando éste fuera en la Casa de S.M. Secretario General de la misma, calentándole  de continuo la cabeza a S.M. con infamias sobre el personaje  y desde allí apostar  por Alianza Popular de  Fraga Iribarme, partido político por el que se presentaba un hijo suyo en calidad de diputado , frente a la UCD de Suárez. En cuarto lugar trajo consigo la mayoría absoluta del PSOE que con Felipe González, la Monarquía Constitucional, se hacía acompañar en las tareas de Gobierno por la izquierda, inaugurando un periodo novedoso y una etapa plena de ajustes, donde la Corona cumpliría su papel más específico, consistente en moderar las instituciones, poderes y relación de partidos políticos. En quinto lugar y a nivel doméstico, Antón comprobó  como la guardia civil en Zarzuela y en el seno de la Casa Real, en vez de retirase a sus cuarteles, triunfaba ,saliendo más Benemérita, aunque esta etiqueta es falsa, desde el rigor histórico, llenando los espacios en la Zarzuela y en dependencias concretas, entre otras la parte administrativa de la Secretaria  General, cocina, camareros reales, porteros, servicios de seguridad, barriendo al Cuerpo Nacional de Policía que prestó leal servicio en las fechas que estamos reseñando, y aceptación en la estructura orgánica de la Casa Real, de un jefe de la Guardia Civil en la categoría de Ayudante de Campo de S.M. y otro, en tiempos recientes, al servicio del Principado de Asturias, y por evidente el relanzamiento de Sabino  a la máxima categoría en la Casa Real, colocándole como Jefe de la misma, situándose en calidad de Virrey, al modo de los antiguos validos de los Austrias, que fue quien probablemente indujo a S.M  para que SAR el Príncipe de Asturias fuera a Canadá, a  efectos de ampliar estudios, en contra del parecer  de algunos  Rectores de la Universidad española, acompañado por un tegumento y achispado, de nombre Alcina, Ayudante del mismo y que se intitulaba su Preceptor, sin títulos académicos que lo acreditara, y que escribió un bodrio de libro donde rezaba “Felipe VI”, lleno de falsedades. Y por último la desaparición de la  mayoría de las personas que habían servido en Zarzuela en tareas domésticas desde siempre  como las de cocinero, camareros/ras, porteros, Gobernanta, siendo sustituidos como ha sido señalado anteriormente por guardias civiles, y además, reseñar la evidencia de que la incidencia de S.M. la Reina Sofía en cuestiones domésticas y palaciegas eran de más baja intensidad y calidad, corriendo rumores en la calle y en tertulias, alimentadas por servidores que en otro tiempo fueron leales a la causa de los Reyes, sobre probables desavenencias en el matrimonio, circunstancia que aprovecharía el “listo” de Sabino para conciliar o no, cuando conviniera y existieran razones de Estado, y en el terreno particular de Antón quedó sellado su tiempo de Preceptor  tras fracasar un proyecto de curso presentado a S.M. donde sus objetivos pretendían poner al Príncipe de Asturias en el  aprendizaje y manejo de los medios de comunicación social, contando con la presencia y anuencia  de los mejores presentadores, realizadores de aquellos medios, y en aquel momento, entre otros Jesús Hermida, Antonio Plaza, Martín Ferranz, José Oneto y muchos más. La negación de este proyecto se justificó argumentando que el año 1982, coincidía con el campeonato del mundo de futbol, donde España era el marco de celebración y que la agenda del Principado de Asturias estaría ocupada en los eventos que se sucedieran.