martes, 16 de junio de 2009

PEDRO EL CRUEL MEMORIAS, CAPITULOS

CAPITULO I

Señala el lugar de nacimiento de Pedro I El Cruel y se describen rasgos del carácter de su padre Alfonso XI, destacando el espíritu esforzado que le distinguía , el placer por la tertulia y la cháchara con amigos, con los que solía gozar en las comidas, disfrutando del pan blanco de Burgos.

CAPITULO II

Alfonso XI conoce por un templario, la relación del Santo Grial con el Temple y la probable localización de ésta reliquia en tierras de Burgos, animando éstos sucedidos al Rey a crear una Orden Militar en Castilla, que llamaría de la Banda, constituida por doce caballeros con linaje y antecedentes templarios, siguiendo ésta Orden la constitución señalada por San Bernardo.


CAPITULO III

Se describe la villa de Burgos analizando sus defensas, entre ellas el castillo que mantenía patios de armas y espacios suficientes para albergar establos, perreras, cocinas, fraguas y demás servicios. Se cuenta además de su Acrópolis, Catedral y grandes mansiones, así como distribución por barrios y calles dentro del recinto amurallado, donde trabajaban ciento sesenta moros encadenados, vigilados por caballeros e hidalgos que hacían rondas por el adarve.

CAPITULO IV

El Infante Don Pedro conoce a un aventajado templario que espera ser recibido en audiencia por el Canciller de Castilla, narrando aquél la vinculación del Temple con la cábala de los ismeilitas, y como éstos usaban a sus fieles para ejecutar atentados políticos, en calidad de asesinos, y también explicar la relación notable que hubo entre judíos y templarios, manteniendo una banca común de préstamos por toda Europa , asistidos por una flota mercantil.



CAPITULO V

Se cuenta la manera de cómo dos Reyes cristianos de Francia y Castilla, Felipe IV y Fernando IV, fueron emplazados por caballeros templarios al tribunal de Dios, muriendo sendos monarcas en las fechas que fueron advertidos, tomando el Rey Alfonso XI mucha cuenta de emplazamientos y más después de padecer la muerte extraña de su hijo bastardo Pedro y la incapacidad manifiesta de Sancho, ambos tenidos con la Favorita Leonor de Guzmán.






CAPITULO VI


El Infante Don Pedro manifiesta que de niño sentía el cariño de su madre María de Portugal narrando sobre ella su carácter animoso, aunque con deslices en la cara, descartándola como mujer bella, señalando además la inconveniencia parental con su padre, el Rey , sin relación afectiva entre ellos.


CAPITULO VII


Tres tutores entran en liza para formar al Infante Don Pedro, el primero Juan Pérez, capellán, sujeto intolerante, cerril y dispuesto a enseñar que la iglesia y el romano Pontífice están muy por encima de los reinos cristianos y sus monarcas; después el Conde de Lara, responsable de la formación en cuestiones políticas y que puso el acento en que los Reyes lo eran por voluntad de Dios, y que hay Reyes entre los cristianos que eclipsan al Papa, tapando su poder, y por último López de Córdoba, Maestro de armas que advertiría que el Rey cuando resolviera hacer la guerra, ésta debería ser la mas cruel que su pudiera hacer.




CAPITULO VIII


Juan García, tutor en Retórica y Leyes enseña a Don Pedro a componer epístolas, narraciones y discursos, incidiendo sobre una cuestión que le preocupa al Infante respecto a la sucesión del trono, debido a los trapicheos que viene ejerciendo la Favorita que negocia pactos con familias castellanas influyentes, poniendo en peligro la dinastía .


CAPITULO IX


El vizcaíno Anxón, antiguo Guarda Real, es elegido por Alfonso XI como preceptor del Infante Don Pedro.


CAPITULO X

De cómo un renombrado físico judío en Zamora, Benasaya, remedia y cuida una enfermedad del Infante Don Pedro, dejando secuelas que le marcarán toda la vida.





CAPITULO XI


Cumplidos los doce años el Infante Don Pedro vuelve a Zamora acompañado de su madre, la Reina María, en la excusa de agradecer al físico Benasaya sus recomendaciones médicas, que serían afortunadas para los judíos, reconociéndoles libertad para ejercer todos sus oficios y singularmente la actividad del préstamo.

CAPITULO XII


Con ocasión de la estancia en Zamora, el Infante Don Pedro describe el amurallamiento de la ciudad, sus baños, Iglesias, calles, oficios, privilegios, actividad mercantil, arrabales de judíos y leprosería.


CAPITULO XIII


Se cuenta sobre la diversidad de individuos que circulan en plazas y calles de Zamora, relatando Don Pedro, acompañado de su preceptor, las maneras de conducirse la nobleza, clérigos y pecheros, así como las prendas de vestir.





CAPITULO XIV


El Infante Don Pedro pregunta al Rey Alfonso XI si un pechero podría alcanzar la condición de caballero, contestándole el Monarca extensamente sobre la caballería que él pretendía crear en la nueva Castilla, muy distinta de la establecida, basada en la tradición y linaje.


CAPITULO XV

La Reina Madre, María de Portugal, ante las acechanzas de cortesanos y negociaciones de la Favorita, que ponen en peligro la sucesión al trono al trono, llama a su Casa, en calidad de mayordomo y consejero a Alburquerque, genio y figura de los negocios políticos.


CAPITULO XVI

Alfonso XI decide ponerse en armas contra el Rey de Granada y sus aliados, los benimerines, convocando a su ejército al sur de las tierras de Toledo, fijando en el Castillo templario de Montalbán su Cuartel General, y desde allí convoca a sus Generales y Maestres de Órdenes Militares.






CAPITULO XVII


El Rey Alfonso XI impone un cambio radical de hacer la guerra a los moros, modificando la presencia de la caballería pesada, apostando por la artillería y arquería, acudiendo muchos villanos ante la posibilidad de hacer fortuna y alcanzar grados en el seno de la nueva caballería villana


CAPITULO XVIII


El señor de Montalbán y Duque de Medina Sidonia, Fernández Coronel y favorito de Leonor de Guzmán recibe con escasos afectos al Infante Don Pedro, obligándose éste a vivir con cautela y desconfianza.


CAPITULO XIX


De cómo el infante Don Pedro se enamoró a la vez de dos doncellas, María y Aldonza Coronel, hijas del Señor del Castillo de Montalban, valiéndose de las artes del correveidile López de Ayala.




CAPITULO XX


El Infante Don Pedro aprende el arte de la seducción, poniendo mucha atención en la belleza de las mujeres, especial motivo de atracción, declarándose un pertinaz amante de la hermosura, dispuesto, por conseguirla, a aliarse con los infiernos.


CAPITULO XXI


El Rey Alfonso XI busca aliados en la cruzada contra los benimerines y manda como Adelantado suyo al Infante Don Pedro a las Cortes de Portugal, donde conoce a su primo el Infante de Portugal, Don Pedro; y a Inglaterra donde entabla amistad con el Príncipe Negro, heredero al trono de Eduardo III, de la Casa de Plantegenet.


CAPITULO XXII


El Rey Alfonso XI decide ser el más y mejor villano de su Reino, aliándose con su pueblo contra la nobleza y la Iglesia.





CAPITULO XXIII


Un ejército de ochenta mil benimerines, estacionado en Ceuta, junto con treinta mil nazaríes del Reino de Granada se preparan y organizan para dominar el Estrecho y lanzarse a la conquista del valle del Guadalquivir.


CAPITULO XXIV


Tarifa guarnición militar, se refuerza con la presencia de exconvictos y condenados a galeras para defenderse de la acometida benimerín.


CAPITULO XXV


Alfonso de Benavides, Corregidor de Tarifa, alarmado por los avances de benimerines y nazaríes, advierte al Rey Alfonso XI de que la defensa de la guarnición sería imposible, acelerando el paso los ejércitos del Rey que se encontraban cerca de Jerez y también a la flota, mandada por el Almirante de Castilla, Alfonso Tenorio.






CAPITULO XXVI

Se cuenta las ventajas del ejército musulmán constituido por caballería ligera, con jinetes capaces de disparar flechas de sus arcos y gobernar los caballos, sin bridas, con estribo corto y a la rodilla, siendo sus cabalgaduras de menor alzada que las castellanas.


CAPITULO XXVII

Se describe la Batalla del Salado, ocurrida en el cuarenta y nueve de mil trescientos, después de Nuestro Señor Jesucristo.


CAPITULO XXVIII

Con ocasión de cerco y asedio de la fortaleza de Gibraltar la peste negra se hace presente, enfermando el Rey Alfonso, que muere al cuarto día de contraerla, rodeado de sus Generales y Maestres, incinerando sus restos.


CAPITULO XXIX

Al Monasterio Templario de San Pedro de Arlanza se acerca la comitiva real con ocasión de ceremonia fúnebre y oficios de entierro por el alma del Rey Alfonso.



CAPITULO XXX

Se cuenta la elección y nombramiento de dos judíos en la Casa del Rey Pedro, Samuel Leví, en calidad de tesorero y Benasaya como médico de la Corte.


CAPITULO XXXI

Benasaya pone en práctica un tratamiento radical para sanar al Rey Pedro, aconsejando entre las medidas cambiar de clima, resolviendo el Monarca desplazarse a Sevilla.


CAPÍTULO XXXII

Cuenta la audiencia solicitada por Fadrique al Rey Don Pedro, rogando éste ver a su madre, Leonor de Guzmán, ya presa, detenida en Llerena, sede de la Orden Militar de Santiago.


CAPÍTULO XXXIII

Se cuenta de las torturas que tuvieron lugar en las mazmorras de Llerena con ocasión de las vistas entre Don Fadrique y su madre, Leonor de Guzmán.





CAPÍTULO XXXIV

De cómo fue muerta Leonor de Guzmán en el patio del Alcázar de Talavera de la Reina después de ser oída por la Reina María y previamente acusada de traición y adulterio por Alburquerque y el Arzobispo de Toledo.



CAPÍTULO XXXV

Don Pedro acompañado de sus antiguos tutores convalece su enfermedad en Carmona, recuperándose, gozando del clima y ambiente que le rodea. Allí, conocerá que Alfonso Coronel, leal a la Favorita Leonor de Guzmán, se ha unido en partida al Adelantado de Castilla y bastardo Enrique de Trastámara para destronarle.


CAPÍTULO XXXVI

Don Pedro conoce desavenencias en la Corte y decisiones adoptadas en su nombre, por lo que reclama la presencia en Carmona del Canciller de Castilla, Alburquerque, a quien acompaña el Maestre de Calatrava, despachando juntos asuntos de gobierno en los reinos, resolviendo convocar Cortes y preparar expediciones de guerra contra la partida del bastardo Enrique.


CAPÍTULO XXXVII

Se cuenta como en Valladolid, Don Pedro reunió Cortes, coincidiendo éstas con una de las ferias anuales, donde los menestrales, organizados en gremios, intercambian sus productos y manufacturas con campesinos y jornaleros, así cereales por zapatos y vinos por un jubón o un odre, haciéndose presente el trueque por la escasez de dineros y salarios.


CAPÍTULO XXXVIII

Don Pedro camino de la guerra del Norte se detiene en Sahagún, villa episcopal y benedictina, recibiendo hospitalidad y alojamiento de uno de sus Generales más leales, allí nacido, Don Fernando de Castro, quien organiza una montería de jabalíes.


CAPÍTULO XXXIX

Don Pedro, con ocasión del banquete, después del éxito de la montería, celebra con gusto la compañía en su mesa de hidalgos de la zona, Capitanes de su ejército, monteros y gentes de Sahagún, momento en el que Fernando de Castro y Alburquerque aprovechan para presentar al rey a María de Padilla, de quien el Monarca se había prendado.


CAPÍTULO XL

En la población de Astudillo, Don Pedro, por amor a María de Padilla, ordena levantar un convento bajo la advocación de Santa Clara.


CAPÍTULO XLI

Acontecimientos y razones de Estado aconsejan al Rey Pedro a abandonar Astudillo y ponerse en camino hacia Valladolid, donde una legación francesa ha llegado acompañando a Doña Blanca de Borbón.


CAPÍTULO XLII

Se cuenta el tiempo de ocio del rey Don Pedro en Valladolid, cultivando el arte de la cetrería, y también, la audiencia concedida a la legación francesa que pretendía no abonar la deuda de la dote, descubriendo el rey de Castilla, con ocasión de la misma, el adefesio de su futura mujer, Doña Blanca de Borbón.


CAPÍTULO XLIII

Velados y declarados esposo y mujer Don Pedro y doña Blanca de Borbón, celebran bacanales y con las trágalas del vino, algo beodo, don Pedro cumple en el lecho, consumando el matrimonio de modo torpe y con daños.


CAPÍTULO XLIV

El Arzobispo de Toledo, Gil de Albornoz, desterrado de Castilla, es encumbrado con la dignidad de Cardenal y Legado Pontificio por el Papa Inocencio VI, quien toma partido en defensa de Doña Blanca de Borbón, confinada en Arévalo, amenazando con excomunión al Rey Don Pedro, al tiempo que el Rey de Francia, Juan II, pariente de aquélla, nada hace por rescatarla.

CAPÍTULO XLV

En Urueña, después de ordenar el Rey Pedro la muerte del Maestre de Calatrava y tener conocimiento del suicidio de Alburquerque, paseado su cadáver bajo las murallas de aquella villa por su Secretario, Cabeza de Vaca, conoce una conjura de caballeros toledanos que se han alzado contra él, impulsada la misma por el que fuera Arzobispo, Gil de Albornoz, ahora Legado Pontificio.


CAPÍTULO XLVI

La Conjura de Toledo toma fuerza, liderada por Blanca de Borbón y Fadrique, juntando en Medina del Campo más de seis mil a caballo, mientras el Rey Pedro organiza su retaguardia en Ponferrada, aliándose con el Conde de Lemos, padre de Juana de Castro, a quien el Rey Pedro hará su esposa, y luego sin cumplir el tálamo, repudiará.

CAPÍTULO XLVII

Se cuenta la reunión de Tejadilla, entre los conjurados y el Rey Pedro, quedando sin acuerdo, resolviendo el Rey Pedro ir a Toro, villa en la que se encuentra la Reina Madre, donde será preso junto con Hinestrosa, Padilla y Samuel Leví, siendo vejados y humillados por los principales de la Conjura, que se reparten cargos y oficios de la Corona de Castilla.

CAPÍTULO XLVIII

Los Conjurados son vencidos y arrasados en Medina del Campo, Toledo y Cuenca, asediando el ejército de Don Pedro a la villa de Toro, fortaleza donde aún permanece la Reina Madre, con los restos de un ejército, al que traiciona Fadrique que negocia la rendición.


CAPÍTULO XLIX

Licenciadas las tropas, después de la victoria de Toro, el Rey Pedro se detiene en la villa de Palenzuela del Conde, lugar donde ha convocado a su Consejo privado para hacer las cuentas de la guerra y dilucidar cuestiones sobre si hacer una Cruzada contra los infieles y crear un Estado Templario, y también, incapacitar las Cortes, crear un ejército regular, y aventurar un ordenamiento que equiparase a las religiones judías y musulmana a la cristiana.


CAPÍTULO L

Juan García después de viajar por diferentes reinos cristianos, en calidad de embajador despacha con el Rey Pedro, asistido por el Canciller, narrando los intereses que muevan a aquellos gobiernos, centrándose su informe en la situación de los Reyes Pedro IV de Aragón, Muhama V de Granada y Juan II de Francia.



CAPÍTULO LI

Pedro el Cruel, en Astudillo, goza de la paz junto a su mujer, María de Padilla, y sus hijos Beatriz, Constanza, Isabel y Alfonso, preguntándose sobre el carácter de su crueldad, asumida por él, después de entrenamiento y aprendizaje, equiparándola a la justicia.



CAPÍTULO LII

Una comitiva encabezada por el rey nazarí Muhamad V se presenta en Sevilla, en calidad de amigo y vasallo, celebrándolo el rey Pedro con desfiles, vítores, y ágapes, sirviéndole un festín al modo morisco, cocinado por almohades.





CAPÍTULO LIII

Hinestrosa, embajador en Portugal, a la vuelta de negociar alianzas con aquel reino, cuenta el sucedido amoroso del rey Don Pedro de Portugal con su favorita doña Inés de Castro, y la manera de cómo este rey obligó al pueblo y a la Corte a reconocer a Doña Inés como su reina, sentada en el trono, cuando era ya un cadáver.

CAPÍTULO LIV

Se cuenta como una escuadra aragonesa dispara bolas de fuego a las embarcaciones atracadas en el puerto de Sanlúcar, momento en el que el rey Don Pedro, junto a su hijo Alfonso, participan en la pesquera de atunes, en el caladero de una almadraba, incidente éste que se multiplica por afectar aquel fuego artillado a unas galeazas genovesas, allí fondeadas, que motivará una declaración de guerra de Castilla al reino de Aragón.


CAPÍTULO LV

Comienza la guerra entre los Pedros, invadiendo el rey de Castilla los territorios de Aragón con un ejército, previamente concentrado y acampado en Molina de los Caballeros, villa desde donde arrancaría la conquista de las plazas de Zaragoza, Teruel, Calatayud y otras más, a la par que la flota de Castilla asedia la fortaleza de Guardamar de Segura.

CAPÍTULO LVI

Enrique de Trastámara pacta y sella una alianza con el rey Pedro IV de Aragón, al que llaman el Ceremonioso, comprometiéndose cada uno a aportar una fortuna para reclutar mercenarios en Europa, y así hacer la guerra al rey de Castilla, Pedro el Cruel, logrando poner en la frontera de Francia con Navarra seis mil lanzas.


CAPÍTULO LVII

El ejército castellano se descompone en la huida después de la derrota en Araviana, muerto su general, Hinestrosa, pasándose al enemigo el Infante de Aragón, Don Fernando, que rinde vasallaje al rey de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso, sin que éste, a cambio, le ceda un feudo y beneficio.


CAPÍTULO LVIII

La agonía y muerte de María de Padilla ocurre en Astudillo, resolviendo Don Pedro encerrarse con su cadáver, permaneciendo en la habitación fúnebre por más de tres días, hasta que sus allegados, temiendo por su salud, le rescatan, encontrándole sumido en sueños, agarrada su mano a la de su mujer, juntos en la cama.





CAPÍTULO LIX


En una de las treguas de la guerra con Aragón, Don Pedro el Cruel conoce la estancia de Don Tello en el Señorío de Vizcaya, por lo que organiza un pequeño ejército para vengarse, cruzándose en su camino don Juan, el Infante de Aragón, a quien da muerte, arrojándole por una ventana.


CAPÍTULO LX


Don Pedro queda sorprendido ante la belleza y monumentalidad de Daroca, la fortaleza más imponente de los reinos cristianos, lugar donde el ejército aragonés, en desbandada, se protege, defendida aquélla por el general Lope de Luna.

CAPÍTULO LXI


Por la paz de Murbiedro el Rey Don Pedro consigue que el Rey de Aragón, en cláusula secreta, se comprometa a dar muerte a su hermanastro, el Infante de Aragón, y también a don Enrique de Trastámara; y se describe la traición del Tesorero Samuel Leví, coaligado con la nobleza rebelde por razones de usura y toma de poder, y también por miedos y amenazas.



CAPÍTULO LXII


Don Pedro, con sentimiento de alcalde, describe algunos encantos urbanísticos de Sevilla, entre otros, sus templos y alcázares, recientemente destruidos y arrumbados como consecuencia del terremoto habido en el año 1356 de Nuestro Señor Jesucristo, debido el mismo, según el rumor de las gentes, luego contado por correveidiles en plazas y mercados, respecto de que una señora que se hacía llamar la Muerte se paseó por las calles de Sevilla y se detuvo en el Guadalkebir y que sintió celos por tanta belleza, violentándose, tras comprobar la mucha vida que en Sevilla había y también por la especial galanura de la hermosura que hacían sus gentes.


CAPÍTULO LXIII


El rey Don Pedro después del fallecimiento de su esposa, María de Padilla, entra en un proceso de depresión y melancolías que es detenido por la presencia en la Corte Sevillana de Aldonza Coronel, con la que aquel monarca mantuvo un romance en tiempos de juventud.





CAPÍTULO LXIV


Se cuenta las consecuencias de las contrahechuras del rey Don Pedro y su necesidad de acaparar la belleza de las mujeres, singularmente entre las más jóvenes, motivo por el que en Sevilla este rey se embozaba en la noche para burlar mujeres y encabronar a innumerables consortes.


CAPÍTULO LXV


El Canciller comparece ante el rey Don Pedro en Sevilla para prevenirle de que en suelo francés se está organizando un ejército de mercenarios con la pretensión de invadir Castilla y coronar al Conde de Trastámara, aliado y protegido del rey francés Carlos V.


CAPÍTULO LXVI

En las inmediaciones del alfoz de Calahorra se aposenta el ejército mercenario de Beltrán Du Guesclin, después de cruzar el Pirineo catalán y avanzar por el Ebro, en dirección a Burgos, elegida la ciudadela de Calahorra por el conde de Trastámara para ser coronado rey de Castilla, convocando allí a su nobleza, prometiendo mercedes y privilegios a los que asistan y defiendan su causa.


CAPÍTULO LXVII


La traición se hizo presente entre la nobleza rancia de Castilla, a la que se sumaron los Ordinarios de la Iglesia y Concejos de vecinos, doblegándose todos ante el Conde de Trastámara, coronado en Calahorra, y luego en el Monasterio de las Huelgas, en Burgos, lugar donde don Pedro previamente recibió noticias de que el ejército mercenario de Beltrán Du Guesclin estaba en las puertas de Briviesca, motivo por el que la hueste de don Pedro retornó al Tajo, en veloz huida, temiendo el horquillamiento de los ejércitos enemigos.


CAPÍTULO LXVIII


El ejército mercenario de don Pedro pasa los Pirineos por Roncesvalles, dirigiéndose con rapidez a tierras de Nájera, obligando al usurpador Enrique a convocar gente armada de Asturias, Guipúzcoa y Álava, y concentrarlas en las tierras de Cameros donde aún le quedan doce compañías de mercenarios, después de haber licenciado al ejército que le alzó al trono de Castilla.






CAPÍTULO LXIX


Se decide el orden de la batalla de Nájera, ocurrida en las Navas de Huércanos, el tres de abril de mil trescientos sesenta y siete, y las justicias que hiciera el rey don Pedro con los nobles castellanos, después de obtener una rotunda victoria frente al bastardo Enrique y su Alférez, Veltrán de Claquin.


CAPÍTULO LXX

Durante su estancia en Sevilla al rey Don Pedro le asaltan figuras tenebrosas que aparecen en su mente, aterrándole, motivo por el que se mantiene en vigilia constante y luego, pasado tiempo, le surge un sueño siniestro que le embarga hasta el punto de solicitar ayuda a su amigo y rey de Granada, Muhamad, para que le auxilie en la búsqueda de un versador de sueños que pueda interpretar el suyo y poner fin a la tormenta que el mismo le produce.