martes, 10 de julio de 2007

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Pedro en las artes [editar]Ya en el siglo XVI, Francisco de Castilla, descendiente de Pedro I, escribió en 1517 un poema sobre la vida del monarca. En el teatro, desde El Infanzón de Illescas, de Lope de Vega, hasta El zapatero y el rey, de Zorrilla, y El arcediano de San Gil, de Pedro Marquina, la figura de Pedro aparece como ideal de rey medieval.

Pedro I encarnó en el trono el espíritu de una época en que libraban guerra despiadada la aristocracia y la monarquía. El poder real fue cercenando los privilegios de la nobleza, y ésta opuso creciente resistencia; para contrarrestarla, los reyes lograron imponerse recurriendo al terror.

El monarca intentó humillar a sus contrarios; dejándose llevar del carácter exaltado y vengativo que se le atribuye, se mostró implacable con los nobles que desacataron su autoridad, lo enfrentaron abiertamente, o fomentaban discordias y rebeliones. Por todo esto le cupo en suerte, como a otros reyes contemporáneos suyos, llevar el dictado de Cruel.

Además de los autores citados, han ilustrado la historia de Pedro I los trabajos de Tubino, Merimée y Burck, al igual que Guichot en su Ensayo de vindicación del reinado de don Pedro I de Castilla y más recientemente, Las memorias de Pedro el cruel: ¿Rey templario?, ¿Rey Judío? de Julio de Antón, Don Pedro I el Cruel, un rey entre la realidad y el deseo de Jaime Passolas Jáuregui, Pedro I el Cruel: Un monarca contra la nobleza de Manuel Barrios y Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara: ¿La primera guerra civil? de Julio Valdeón Baruque.

En la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, se guardan al menos 16 manuscritos que ilustran la vida del famoso monarca.