jueves, 13 de diciembre de 2007

ALFONSO XII Y LA POLICIA

Alfonso XII, llamado para la historia “el pacificador”, en su destierro, acompañando a la Reina Madre Isabel II, estudió en el Colegio Stanislas, en Francia; en el Theresianium de Viena; en Munich; y en Sandhurst, Inglaterra, recibiendo los entusiasmos del nuevo régimen monárquico en París el 1 de enero de 1875. Cánovas, desde un principio ejerció la dirección del partido alfonsíno, previamente encomendado por Isabel II, y copartícipe en el pronunciamiento de Sagunto, junto a los Generales Martínez Campos y Marchesi. Práxedes Mateos Sagasta, el 30 de diciembre de 1874, era Presidente del Consejo de Ministros de la Primera República, y un día después firmaba Antonio Cánovas, como Presidente del Ministerio Regencia de la Monarquía.

En el reinado de Alfonso XII, se inicia un ciclo de partidos moderados y progresistas, presididos por los aludidos Cánovas y Sagasta, que dirigen la restauración en turnos, consiguiendo acabar con las guerras carlistas, pacificar Cuba, dotar a España de la Constitución de 1876, liberal, que reconoce derechos fundamentales. Alfonso XII murió el 25 de noviembre de 1885, como consecuencia de una bronquitis capilar, consumiéndole la tuberculosis a la edad de 28 años. Esta muerte, tan sorprendente, motivó a los republicanos a iniciar conspiraciones. Los carlistas se disponen a renovar la guerra civil y los liberales piden el poder. Por iniciativa del General Martínez Campos, proclamador de la monarquía en Sagunto, siendo brigadier el General Daban, tuvo lugar en la víspera de aquella muerte, una entrevista entra Cánovas y Sagasta, en la sede de la Presidencia del Consejo de Ministros, que los gacetilleros llamarían el pacto de El Pardo, aunque algunos dicen, que esta reunión tuvo lugar en el domicilio de Cánovas. lo esencial de ese pacto, es la perfecta unión de los dos partidos, asegurándose la tranquila sucesión de D. Alfonso XII, lo que produjo una alternancia de poder, imitando el turno a la inglesa, acordando sus diferencias ideológicas y la coincidencia de procedimientos. Los dos partidos, el liberal-progresista y el conservador-moderado que usufructuarían el poder por turnos, no darían posibilidades a otros partidos para gobernar, deseando cada partido el advenimiento del otro, para ocupar las elevadas cesantías de los suyos, y así operar en la clientela electoral, que se intervenía desde el Ministerio de la Gobernación, a través de los Gobernadores Civiles y caciques.

En 1886, nace D. Alfonso XIII, Rey desde su nacimiento. El Marques de Santa Cruz, lo presentó en la puerta de la Cámara Regia; poco después, Sagasta, Jefe del Gobierno lo presentó ante la Corte en una bandeja de oro, y al pasarlo ante Cánovas el niño empezó a llorar. Muchos años después, Alfonso XIII, en el destierro, comentaría este gesto suyo con la frase “de ser cierto ésto, fui un caso precocísimo de liberalismo infantil”. En ese año, se iniciaría la Regencia que duraría hasta la mayoría del Rey, en mayo de 1902. En este periodo que venimos comentado, desde una perspectiva policial, se destacan una serie de evidencias, entre otras:
- equilibrio, en una primera fase del poder militar y civil, para pasar a una segunda fase, a un dominio de lo civil sobre lo militar, aunque éste sigue siendo relevante, mediante su vigilancia, influencia, control y personajes cualificados, ya citados, tales como Martínez Campos, General Jovellar, y Daban, que sería Director General de Seguridad en 1886.
- utilización del Ministerio de la Gobernación como instrumento de la turnicidad de los partidos para “organizar” las elecciones y “procedimentarlas” a través de una maquinaria compleja, donde el elemento más esencial es la figura del Gobernador Civil, que será un apañador, y no debe olvidarse que esa figura es el Jefe nato Policial en las provincias.
- las cesantías son el fenómeno más relevante de este periodo, y en lo policial repercutiría de manera definitoria, lo cual imposibilitaba la generación de programas a medio y largo plazo, y en territorios extensos.
- imposibilidad de crear una estructura central policial en todo el territorio nacional, por la resistencia y competencia de los Gobernadores Civiles, que merecía más confianza a los gobiernos y partidos de turno.

No obstante, en 1886, en el primer año de Regencia de María Cristina, un Gobierno conservador diseña la creación de un Centro Nacional de Seguridad, que denominará DIRECCIÓN GENERAL DE SEGURIDAD, percibido este Centro, por la opinión pública, como una Institución policial de carácter militar y de la que no se pueden esperar milagros por sus escasos y deficientes recursos, tanto materiales como humanos, aparte de la consideración de que la situaban en posición de escaso estímulo profesional y muy expuesta a las cesantías. La opinión pública también percibía que la nueva Policía que se creaba en esta Dirección General de Seguridad, tendría una misión esencialmente de Policía política, sometida al brazo del partido en el Gobierno, y nunca o escasas veces, en beneficio de las personas y de sus haciendas. El 27 de octubre de 1886, por Real Decreto se crea la Dirección General de Seguridad aludida, poniendo a su frente al Mariscal de Campo Antonio Daban, que fue el brigadier que en Sagunto se sublevó, ayudando así al pronunciamiento del General Martínez Campos, situado en la reserva y sin mando, para proclamar el nuevo Régimen monárquico. La Dirección General de Seguridad creada, solo duró dos años, siendo suprimida por su ineficacia, aparte de las consideraciones reiteradas anteriormente, respecto de la pugna competencial con los Gobernadores Civiles, que repito, eran los Jefes natos Provinciales en las respectivas provincias. Y como botón de muestra cabe citar aquí, que en fecha de 1895 el Gobierno Civil de Barcelona, establece el primer Gabinete antroprométrico y fotográfico policial; y en 1896, ante el terrorismo anarquista se crea por los Gobiernos de Madrid y Barcelona, un Cuerpo de Policía Judicial, que integraría a policías y guardias civiles, para investigar delitos relacionados con anarquismos y explosivos.

El año 1898, significó el final de un mundo, y el inicio de un regeneracionismo, que liquida un pasado de glorias, descubrimientos, Virreyes y Gobernadores de Ultramar. la catástrofe del 98 alcanzó a todas las sociedades españolas. El Tratado de París selló la renuncia a Cuba, y la evacuación inmediata de la isla; a título de indemnización, se cede a los Estados Unidos las islas de Puerto Rico y todas las demás en las Indias Occidentales; los Estados Unidos ocuparían Manila e intervendría el Gobierno en Las Filipinas, así como la isla Guam, la más importante de las Marianas.

Alfonso XIII, inicia su reinado en mayo de 1902, con el turno pacífico del partido liberal y conservador, dando a España la apariencia de un país gobernado por instituciones democráticas. La farsa de los turnos políticos condujo, a que en un breve periodo de tiempo, se sucedieran treinta gobiernos diferentes, con una media de siete meses por Gobierno, despertando así a otros instigadores políticos y fuerzas sociales, tales como republicanos, socialistas, anarquistas, proletariado, sindicalistas, al objeto de alcanzar sus objetivos: la caída del trono y la instauración de la Segunda República.

Hubo pretensiones de romper la turnicidad de los partidos, lográndolo el maurismo, apoyándose en partidos catalanes, que renacen con mucha fuerza en este periodo, como es el caso del partido regionalista de Cambó, aparte de concentrar grupos diferentes de carácter nacional, con la intención de salvar a la monarquía, siempre en peligro desde la tenaza de las derechas y las izquierdas.

Los movimientos de masas aparecen en el reinado de Alfonso XIII y en 1888, se funda la Unión General de Trabajadores (UGT), que inaugura una casa del pueblo en Madrid en 1908. Pablo Iglesias, será su líder más cualificado, y es diputado en Cortes en 1910. El anarquismo y sindicalismo, en 1910, creará la Confederación General del Trabajo, uniéndose en 1917 con la UGT a efectos de organizar huelgas revolucionarias, siendo destacado dirigente Largo Caballero, llamado después “el Lenin español”.

El partido liberal, inicia el turno en el poder, en el reinado de Alfonso XIII, con su líder Sagasta, que tuvo la habilidad de acercar a la monarquía a la mayoría de republicanos, destacando Canalejas y Montero Ríos. Entre los logros del partido liberal, en sus correspondientes turnos de gobierno, merecen destacarse la devolución de libertad de prensa y cátedra; proyecto de asociaciones religiosas; Ley del candado, por la que se prohibía el establecimiento de nuevas órdenes religiosas; Ley del reclutamiento, que estableció el servicio militar obligatorio; proyecto de Ley de asociaciones; Ley de mancomunidades, que satisfizo al ideario catalán y un convenio hispanofrancés.

Los conservadores forman su primer Gobierno en 1903, con Silvela, que contó con el apoyo de Antonio Maura, que desempeño la cartera de Gobernación. Los diferentes Gobiernos conservadores de este reinado, lograron el proyecto de Concordato con la Santa Sede; la revolución desde arriba; reorganización de la administración pública; pureza del sufragio; autonomías locales; construir una escuadra y reorganizar el ejército; ensanchar los dominios en Marruecos; publicar la Ley de terrorismo; acuerdo francoespañol sobre la organización de la policía en Marruecos; reglamentar las Juntas; Ley de funcionarios; Ley del timbre; Tribunales de menores; derechos pasivos del Magisterio, etc.

Desde 1902 a 1923, se sucederían en régimen de turnos catorce Gobiernos conservadores, permaneciendo por más tiempo o en repetidas veces Antonio Maura, que se situó en el regeneracionismo, es decir, en la creencia de que el país estaba sano y que había que realizar un revolución desde arriba, anticipándose a la revolución desde abajo. Suponía Maura, que las mayorías le seguirían por su gestión democrática y por su eficacia, pero ignoró a los liberales monárquicos, a las izquierdas y a los republicanos, lo que determinó la decisión de Alfonso XIII de no entregar el futuro de la Monarquía al citado Maura, que generó una crisis entre 1909 y 1912. No obstante, Maura sería reclamado de nuevo por el Rey para formar Gobierno, por cinco veces, en el transcurso de veintiún años. Aparte de Maura fueron Presidentes de Gobiernos conservadores, Silvela, ya citado (1903); Villaverde (1903); General Azcárraga (1905),; Villaverde (1905); Eduardo Dato (1913-1915 y 1917, 1920,1921); Sanchez Toca (1919); y Sánchez Guerra (1922).

El regionalismo catalán, a principios de siglo, va a ser el rompiente de la turnicidad de partidos. En 1903, las elecciones celebradas en Barcelona, dan el triunfo absoluta a la Lliga, encumbrándose en la política Alejandro Lerroux, alimentado por unas huestes calientes, denominadas “jóvenes bárbaros”. Francisco Cambó, en el Ayuntamiento de Barcelona, con ocasión de la visita Real a esta ciudad, dirigiendo palabras de salutación, solicita la autonomía para Cataluña. Seguidores de Lerroux y catalanistas de Cambó, son en principio indiferentes a la Monarquía, y en el proceso, hostiles. En 1905, con ocasión de nuevas elecciones municipales la Lliga obtiene un triunfo rotundo en Cataluña, celebrando banquetes y marchas multitudinarias, siendo frecuentemente tiroteados por republicanos. En estas fechas, un semanario catalanista, Cut-Cut, publica una caricatura insultante contra el arma de caballería, lo que motiva que integrantes de esta arma del ejército, sintiéndose aludidos y mofados, inicien una campaña de manifestaciones y quema de redacciones e imprentas del citado semanario catalán, y otros de igual matiz, adhiriéndose otras guarniciones militares de Madrid y Sevilla, promoviendo así la caída del Gobierno de Montero Ríos, antiguo republicano y ahora liberal, siendo sustituido por otro liberal, Segismundo Moret, en 1906

El 31 de agosto de 1906. D. Alfonso XIII contrajo matrimonio con la Princesa Emma de Battemberg, después de la boda y en viaje hacia el Palacio Real, en el número 88 de la calle Mayor, entre flores, fue lanzada una bomba sobre la carroza real, arrojada por el anarquista Mateo Morral, perteneciente a la escuela moderna, que en Barcelona alentaba Francisco Ferrer. Pocos días después en las afueras de Torrejón de Ardoz, sería aquél detenido. Los Reyes, ilesos, cambiaron de carroza entre un cuadro de horror y muertes.

En 1907, Ángel Osorio, Concejal madrileño, es designado, a instancia del Ministro de la Gobernación, Juan de la Cierva, Gobernador Civil de Barcelona. La situación creada en Marruecos por lo sucedido en el barranco del lobo el 27 de julio 1909, obligó a Maura a enviar refuerzos militares a África, y movilizar la reserva, en su mayoría, casados y procedentes de Cataluña. Esta iniciativa, fue alimentada por elementos revolucionarios catalanes para organizar un semana trágica y proclamar la República en varias localidades catalanas, generando barricadas, incendios, profanación de cadáveres de monjas, obligando al citado Gobernador Osorio a dimitir y declarar el estado de guerra en Cataluña, iniciándose juicios sumarísimos y acordar penas de muerte por Tribunales militares, lo que provocaría la caída del Gobierno conservador de Maura.

Eduardo Dato, en 1913, conservador, rompe con la línea de Maura, firmando en calidad de Jefe de Gobierno, el Real Decreto de Mancomunidades, quedando así constituida la Mancomunidad de Cataluña, que elige Presidente.

En 1917, se organizan Juntas militares en toda España, a excepción de Madrid, siendo Ministro de la Guerra el General Luque. Las Juntas, presididas por el Coronel Benito Márquez, etiquetado como burócrata, fue requerido a disolverlas por Alfau, Capitán General de Cataluña, cumpliendo así órdenes del Gobierno. Los junteros se negaron, pasando los mismos a situación de detenidos en el Castillo Montjuich, dando origen con ello a un manifiesto de rehabilitación de los junteros militares detenidos y solicitando el reconocimiento oficial de aquellas Juntas militares; lográndolo, y que provocaría la caída del Gobierno Liberal de García Prieto. Dato le sustituiría y aprobaría el Reglamento de las Juntas de Defensa, que aparecerán de nuevo con mucho eco nacional, con ocasión de un fallo de un Tribunal de Honor que separó a dieciséis oficiales de Estado Mayor, por lo que dimitiría Sánchez Toca, Jefe del Gobierno conservador.

Dato, al mismo tiempo que aprobaba el Reglamento de las Juntas de Defensa, suspendió garantías constitucionales y censuró la prensa. Esta iniciativa hizo saltar a los parlamentarios catalanes que convocarían para el 19 de julio de 1917, la Asamblea de parlamentarios en Barcelona, que sería prohibida por el Gobierno, aunque llegaron a celebrarse y luego disueltas por el Gobernador Civil. En el mismo día, amaneció una huelga de ferroviarios alimentada por republicanos en Valencia, hechos que obligaron a proclamar el estado de guerra el 20 de julio, liderando estas huelgas y manifestaciones Largo Caballero, acompañado de Besteiro, Anguiano y Saborit. La huelga del 17, se propagó por toda España, logrando que la Asamblea de parlamentarios se celebrara en el Ateneo de Madrid, el 30 de octubre del año en curso, promoviendo así la caída de Dato, siendo sustituido por García Prieto, liberal, con un Gobierno de amplia concentración y contando con los mauristas.

En 1918, siendo Ministro de la Gobernación el Vizconde Matamala, integrante del Gobierno liberal de García Prieto, una comisión de telégrafos le advertía que si en el plazo de unos días no le concedían créditos para sueldo y material, se declararían en huelga. Matamala reconoció ante el gabinete su incapacidad para arreglar el problema, encargándose Juan de la Cierva, quien ordenó de forma inmediata la disolución de los Cuerpos de Correos y Telégrafos, y la militarización de los mismos, sustituyendo a los huelguistas por fuerzas del ejército, lo que produjo una gran revuelta, obligando al Gobierno a pactar con los huelguistas y revolucionarios y restablecer a los cuerpos disueltos.

En el transcurso de 1919 a 1921, se suceden los Gobiernos de Maura, conservador (siete meses); Sánchez Toca, conservador (5 meses); Allende Salazar, conservador (cinco meses); Dato, conservador (diez meses); de nuevo Allende Salazar (cinco meses) y Maura (siete meses). En 1919, reaparece de nuevo Juan de la Cierva, acompañando a Maura, lo que motivaría revueltas y motines en los Cuerpos de Telégrafos, que con gritos “Maura no y Cierva no” obligan a la caída del Gobierno, iniciándose de nuevo el problema de Marruecos, a lo que se añade los problemas sociales y huelgas en Cataluña, que mueven a militares a despedir de Cataluña a las Autoridades civiles de Barcelona, expresando así el malestar del ejército en esa región, y lo no solución de problemas de orden público. En 1920 se incrementa el número de atentados, organizándose en Barcelona sindicatos de pistoleros, al objeto de coaccionar voluntades de obreros y patronos. Estos sindicatos instituyen la “Ley de fugas”, verdaderas cacerías humanas de persecución. En 1921, se inicia el problema de Marruecos, que ocupará los intereses de España hasta 1923.

El problema de Marruecos tiene varios protagonistas: en el inicio, al General Silvestre, Comandante militar de Melilla; Abdelkrim, antiguo funcionario al servicio de España en Melilla, y luego rebelde por violentos enfrentamientos con Silvestre; y el General Berenguer, Alto Comisario de España en Marruecos. Silvestre con sus huestes fue acorralado por Abdelkrim, quedándose en Annual, donde moriría con todo su Estado Mayor. La magnitud de la catástrofe militar, significó el cerco de Melilla por las harcas moras, obligando a Berenguer a asistir y apoyar con legionarios y regulares de Ceuta, a la salvación de Melilla, reconquistando todo el territorio. Héroes de aquél momento fueron, Cavalcanti, por el Combate Tisza, y Sanjurjo.

Lo sucedido en Annual, ocupará a las Juntas de Defensa que pedirán responsabilidades, siendo apoyadas éstas por los Generales Primo de Rivera Weyler y Luque, obligando a Juan de la Cierva, en otro tiempo muy amigo de las Juntas, para que éstas pasaran a integrarse en su Ministerio de la Guerra, decisión no agradable al Monarca, reteniéndolo largo tiempo, por lo que el Gobierno, en apoyo de Juan de la Cierva, dimitió en pleno.

El desastre de Annual originó el expediente Picasso, que hizo responsable no solo a los Generales muertos Silvestre y Navarro, sino también al Alto Comisario Berenguer, a lo que se opuso La Cierva, aunque este General se apresuró a pedir la dimisión.