jueves, 13 de diciembre de 2007

FERNANDO VII, ISABEL II y LA POLICIA

Por el Tratado Valencay, Fernando VII recobra en 1714 la Corona española, después de abandonarla José Bonaparte, motivado por las sucesivas derrotas de los ejércitos franceses, en 1813. En este Reinado, hay dos periodos anticonstitucionales y absolutistas, de 1814 a 1820; y de 1823 a 1833; con un periodo constitucional por medio, de 1820 a 1823. El Manifiesto de los Persas, llamado así por el pomposo encabezamiento de la Real Orden de 12 de mayo de 1914, restablecía el absolutismo y se decretaba la persecución implacable de diputados liberales, así como que el Gobernador militar de Madrid, lo fuera también civil; extinguiendo de esta forma a los Gobernadores Civiles o Jefes Políticos de las provincias, confiando el mando político de las mismas a los Capitanes/Comandantes Generales del Ejército.

Masones y carbonarios españoles, apoyados por logias americanas, inglesas y francesas, colaboraron en las sublevaciones y pronunciamientos militares liderados por jefes militares. La masonería, que entra en España en 1814, se extiende en una red de logias por todas las plazas militares, concretamente en Granada, Cádiz, Barcelona, Coruña, Alcalá, Murcia y Madrid. La Policía, junto al ejercito y la inquisición, tendrán como principal objetivo la persecución de masones, siendo los más activos, Alcalá Galiano, hijo; Mendizabal, el General de origen irlandés O´Donnell; y Quiroga y Riego, que proclamarán la Constitución de 1812, jurándola Fernando VII, hecho que determinó un gran número de adeptos a la masonería, que se dividirían en comuneros y anilleros.

El orden público en el transcurso de 1820-1823, se vio continuamente alterado por motines en las ciudades, y partidas en los pueblos y zonas rurales. La falta de autoridad era evidente, hasta el punto de que las sociedades secretas alentaban al populacho a la liberación de las cárceles.

La reacción absolutista de 1823-1829, como consecuencia de la intervención francesa, derrotando a los ejércitos liberales españoles, fue más violenta y cruel que la de 1814, constituyéndose comisiones militares para perseguir a los reos de delitos políticos y las Juntas de la fe para perseguir a liberales y masones. En este momento, el Jefe de Policía de Fernando VII, Rufino González, gozaba de la total confianza del Rey, junto a Calomarde, Ministro de la Guerra.

En este periodo surgen los primeros carlistas, luego apostólicos, que iniciarían partidas realistas, sublevándose en Cataluña, terminando ésta con el fusilamiento de sus jefes.

En 1829, Fernando VII se casa con María Cristina, y fruto de ese matrimonio es la futura Reina Isabel II, que planteará problemas sucesorios, y obligará a desarticular a los gobiernos militares provinciales que estaban en manos de los carlistas., iniciándose una política liberal moderada, que se agrupará en torno a la Reina María Cristina y la Princesa Isabel, mientras Fernando VII, permanecía enfermo en La Granja por la gota en la rodilla.

En 1833, septiembre, muere el Rey Fernando VII de apoplejía, haciéndose cargo de la Regencia María Cristina, y a la vez tutora de su hija primogénita Isabel, que contaba tres años, ejerciéndola hasta 1840, viéndose obligada a la renuncia, entre otros motivos por la guerra carlista; luchas políticas; y su conducta privada que le hizo perder prestigio y popularidad, debido al enamoramiento de un mozo de la Guardia Real, a los tres meses de fallecido su esposo, casándose en secreto y con numerosa prole habida de aquella unión. María Cristina tuvo que apoyarse en los liberales progresistas para luchar contra los carlistas y defender el trono, que suprimirá la Compañía de Jesús y realizarán tareas anticlericales, entre otras, suprimir comunidades religiosas, y vender sus bienes, consiguiendo así, el fin político que pretendían, consistente en arruinar a los frailes, que eran en su mayoría absolutistas y carlistas. A ello se añade, que con los moderados, se producen sublevaciones militares, entre ellos el pronunciamiento de los sargentos de La Granja, que obligan a la Reina Madre a firmar un Decreto de restablecimiento de la Constitución del 12, al que sucedió otro de los oficiales de la guardia de Pozuelo de Aravaca; y nuevos Gobiernos, todos ellos manejados, unas veces por el moderado NARVAEZ, y otras, por el progresista ESPARTERO, pasando así el poder, de parlamentario a pandillas personales, liderados por “espadones”. Espartero, sería nombrado por la Reina, Regente, confiando en él el cuidado de sus hijos y del trono, hasta que Prim, Narvaez, Milans del Bosch y Serrano con las armas, obligan a Espartero a abandonar Madrid y residenciarse en Londres, donde sería acogido como héroe y amigo.

Narvaez, el militar victorioso, propició el desarme de la Milicia Nacional y declaró traidor a Espartero, despojándole de honores, La Reina Isabel II con trece años en 1943, juró la Constitución, gobernando con los moderados, siendo su líder Narvaez, que dirigió la política nacional de forma dictatorial, suspendiendo el derecho de reunión y extremando las medidas de censura de la prensa, Políticos, periodistas, y disidentes, serán perseguidos, encarcelados, y deportados. Narvaez dotará de severas ordenanzas al Instituto de Policía Militar, la Guardia Civil, creada por González Bravo. Los moderados ocuparon el poder hasta 1854, liderados por la coalición de generales, entre otros, el propio Narvaez, O´Donnell, Serrano (el general bonito y favorito de la Reina) y Ros de Olano. Al Gobierno moderado, le sucede, de nuevo un bienio progresista, liderado por Espartero. En 1859, España declarará la guerra a Marruecos, destacando el General Juan Prim, que sustituirá a Espartero como líder en el partido progresista y posteriormente se pronunciará de forma reiterada frente a Narvaez, que muere en 1868. En la madrugada del 18 de septiembre de 1868, en la fragata Zaragoza, donde tripulaba la Reina, después de 21 cañonazos se anuncian el destronamiento de Isabel II, proclamándose Jefe del Gobierno el citado González Bravo, hombre civil, pero que ejerció el poder de forma dictatorial y autoritaria.

La historia señala que los Generales Serrano y Prim, junto con el Almirante Topete, fueron las paladines de la Revolución del 68, también llamada “la gloriosa”, colaborando a la victoria de la misma, por primera vez, el obrerismo español, lanzado por krausistas, republicanos y socialistas, llamados éstos “indígenas” que tuvieron su bautismo en los desordenes de Loja, Iznajar (1861) por intentos de repartos de tierras y que trajo consigo incendios.

Una reflexión sobre el periodo que analizamos, concluiría que la Policía no tiene predicamento, y si lo tiene, aparece como un fenómeno burbujeante, y ello, motivado por los sucesivos frentes de guerra de carácter interno, guerras carlistas, e intereses cruzados de partidos liderados por militares y marinos que se pronuncian continuamente, y que se enzarzan en batallas entre sí y que curiosamente son nominados por los partidos políticos como paladines y prohombres; predominio en el poder de Gobiernos absolutos, moderados, frente a liberales que apuestan por el Ejército y la Guardia Civil, en el mantenimiento del orden público; desaparición de lo civil por excesiva presencia e intereses de lo militar, destacando el hecho del oscurecimiento o anulación de la figura del Gobernador Civil, sustituido en las provincias por Gobernadores Militares, en su mayoría, de testimonio carlista y apostólico, o moderado.

Por último, y dentro de este periodo, la Revolución del 68, de la que hemos venido hablando, confirmó al General Serrano como Jefe del Gobierno provisional, aprobando una nueva Constitución el 1 de junio de 1869, eligiendo, las Cortes resultantes, al citado General como Regente del Reino hasta que se eligiese un Monarca, lo que generó una renovación de las guerras carlista, y luchas mantenidas por republicanos. En 1870, a instancias de Prim, apoyado por Serrano y Topete se eligió la candidatura del Duque de Aosta, luego Rey Amadeo de Saboya, frente a otros candidatos, tales como el Duque Montpersier, Espartero, el Príncipe Alfonso y la Infanta María Luisa Fernanda. Prim, mantenía la obsesión de la monarquía, pero sin Borbones. Amadeo de Saboya reino durante tres años 1870-1873, con la inauguración triste de velar el cadáver de Prim, que junto con Ruiz Zorrilla fueron sus valedores. La cuestión, de nuevo, de los Artilleros, al negarse a presentarse con ocasión de la toma de posesión en Vitoria del nuevo Capitán General y problemas de conciencia referente a limitación de libertades, el Rey Amadeo decidió abdicar, e inmediatamente, las dos Cámaras se reúnen en Asamblea Nacional, proclamando la Primera República como forma de Gobierno de España, que no llegó a durar once meses, del 11 de febrero de 1873, al 3 de enero de 1874.