miércoles, 12 de diciembre de 2007

CARLOS IV Y LA POLICÍA.

Carlos IV mantuvo al principio de su reinado a Floridablanca al frente del Gobierno, que se enfrentará con un acontecimiento novedoso, la Revolución Francesa, que va a hundir las tradiciones españolas y el despotismo ilustrado, repercutiendo en la seguridad del trono y el surgimiento de nuevas clases sociales, entre otras, la burguesía, y los burócratas letrados, que sustituirán la influencia de los nobles y de los clérigos. En 1791 por la frontera del Pirineo, con gentes de Jaca, Pamplona y San Sebastián, entraría mucha propaganda de aquella revolución. Los abanicos, cajas y cintas tenían que ser vigilados pues llevaban gritos, consignas y palabras revolucionarias; y en los forros de los sombreros artículos de la Constitución francesa, hechos que determinaron a emitir, incluso, una Orden Ministerial prohibiendo la venta de ciertos chalecos que llevaban bordados la palabra Liberté. En 1795 la gravedad de las ideas revolucionarias, llegó a tal extremo, que generó una conspiración, denominada “el cerrillo de san blas”, donde se intentó una República española, al estilo francés, siendo los promotores reducidos y encarcelados. El mito de admiración por Napoleón y luego por Robespier, fue llenando las calle, periódicos y tribunas de los partidos. Floridablanca, personaje emblemático del antiguo régimen, cayó, acusado de malversación y abuso de poder, siendo sustituido por el Conde de Aranda, militar de gran prestigio y con espíritu progresista, pero que en poco tiempo fue separado de las tareas del gobierno, sustituyéndole Godoy, que desde 1792 a 1808 gobernará España a la manera de los validos españoles, forzando a esta Nación a una guerra contra Francia, que trajo consigo la pérdida de la Isla de Santo Domingo, la no persecución de afrancesados, y el resurgimiento de la Diputación vasca de Guipúzcoa, que pidió la independencia; luego contra Inglaterra, perdiendo la escuadra española su importancia militar y estratégica; y por último, con Portugal. Al final, Godoy se alió con Napoleón que obligó de nuevo a España a una guerra contra Inglaterra, quedando la flota destrozada en Trafalgar, permitiendo al Emperador la invasión de España con sus ejércitos, huyendo la familia Real española y proclamar a un nuevo Rey, José Bonaparte.