sábado, 23 de mayo de 2009

POLICÍA, ACTUACIONES ,1988

Año 1988

El Comisario Almendra, salmantino, que había trabajado con Agustín Linares, conocido por su cuidada discreción, ausencia de protagonismo y eficiente trabajo, sería el elegido como hombre de confianza para controlar los objetivos a nivel operativo del Centro Directivo; siendo nombrado Inspector General de Servicios, seleccionando a su vez a los cuatro inspectores Zonales que continuamente visitarían dependencias policiales a efectos de seguimiento de planes de seguridad ciudadana, observación directa de servicios, entrevistas formales con grupos directivos de Comisarías, diálogos con organizaciones sindicales y revisión de estadísticas de criminalidad así como de desempeños por Unidades y funcionarios, elaborándose informes correspondientes que instrumentarían ceses y nombramientos, en función de logro de aquellos objetivos.

El Programa de Contactos Ciudadanos entra en relación con tres colectivos etiquetados de alta dificultad pero muy importantes para compaginar los planes de seguridad que se estaban estableciendo en la Policía, a efectos de neutralizar el tráfico de drogas al pormenor, robos con intimidación, y extorsiones en la calle por rufianes en el mundo de la prostitución. En este orden aquel Programa se aproxima a la Confederación de Asociaciones de Vecinos de España, siendo su interlocutor D. Diego Cruz, hombre entrañable donde los haya, que en un primer momento presenta desconfianzas, reticencias y resistencias a colaborar, pero, pasado tiempo, y después de innumerables conversaciones, reuniones y colaboraciones puntuales se constituyó él, junto al Presidente D. Fernando Martos en la más eficaz entidad colaboradora en temas de seguridad de la Policía, organizándose planes conjuntos a nivel nacional y en todos los territorios policiales, incrementándose de manera notable los contactos e informaciones a la Policía desde todas las asociaciones de vecinos , siendo éstas el puntal de los planes de seguridad que se iban elaborando y así reconocido por la cúpula policial de aquel momento.

Otro colectivo a considerar por el Programa de Contactos Ciudadanos fueron los gitanos, aprovechando el Programa la inmersión en esta línea del Inspector Jefe Raúl Vicente Campo, destinado en la Comisaría de Entrevías y jefe del Grupo de Policía Judicial de la misma. Con la gestión de este funcionario y la intermediación del programa se facilitaría un cónclave de Tios, es decir de respetables en esa población y con suficiente autoridad sobre familias e individuos. El motivo de la inserción del Programa de Contactos Ciudadanos en el mundo gitano consistiría en el logro de la disminución del tráfico de drogas al pormenor, contenido en el cual algunas familias gitanas se habían iniciado, arruinando también, por el consumo a gran parte de sus gentes. La cuestión era conseguir la mediación de aquellos Tios a efectos de que por su Autoridad fueran éllos los que llevaran el mensaje de abandonar aquel tráfico. Aquel Inspector Jefe y el Programa harían posible a nivel nacional la mayor reunión jamás vista en España de responsables de familias gitanas, convocada y reunida por el Sr. Calvé, Subdirector General del Gabinete Técnico, en la sede de la Dirección General de la Policía Miguel Angel 5. Una de las conclusiones de esas jornadas fue instar a que aquellos Tios se desplazaran por todos los espacios y territorios gitanos a fin de parar o neutralizar el tráfico de drogas, ya muy presente en algunas familias de esa etnia. Los resultados, al principio, fueron aceptables .

El Sr. Linares, Subdirector General Operativo, conociendo tal contacto se interesó por el mismo mostrando deseos de reunirse, a su nivel con aquellos Tios que más influencia tenían, organizando por tal motivo una paellada gitana en una chabola de un suburbio inmediato a la Celsa participando en la misma el Tio Salieri, que decía influir sobre cuatro o cinco mil gitanos, posiblemente armados, en las zonas de Valladolid, Zamora y Salamanca; y el Tio Curro, con influencias en la Celsa, pozo del Tio Raimundo, pozo del Huevo y zonas de Toledo singularmente en Talavera y más allá del Valle del Tietar. A esa reunión asistiría por el lado policial el Comisario Méndez, en aquellos momentos Jefe de la Comisaría de Centro (Madrid), el aludido Inspector Jefe Vicente Campo y quien suscribe esta narración. Aparte de consideraciones gastronómicas y hospitalidad ofrecida por las familias gitanas, fue importante y sorprendente la apuesta que en un momento hizo el Tio Salieri a D. Agustín Linares, mire jefe, si a nosotros, a los gitanos, nos conceden la venta ambulante en los mercadillos, sin más, yo le garantizo que la droga no se hace presente en Valladolid y provincias de alrededor. El embite era de órdago y había que jugar muy bien al mus. La respuesta a aquella cuestión si la hubo, sólo la conoce aquel Subdirector. Esa reunión fue un nuevo paso de acercamiento a un colectivo muy difícil para solucionar problemas. Luego, la política haría lo suyo introduciendo en las conversaciones al payo Manolo, personaje de cuidado, y con un gran papelón entre aquellos gitanos que participaban en las instituciones políticas, “encontrados éstos” y enfrentados con aquellos Tios que estaban restando protagonismo en medios de comunicación, en las instituciones, y muy especialmente en la Policía.

Por último, otro colectivo con el cual conectó el Programa de contactos ciudadanos fue el de las mujeres prostitutas, intercediendo en ello un responsable de aquel Programa en la Comisaría de Centro el Inspector Jefe, Sr. Pardeiro, profesional, al que tildaríamos de genial por su expansiva personalidad y capacidad de relación humana, siendo estas cualidades, ya reconocidas el año anterior al ser intitulado “gallego del año”. El Sr. Pardeiro facilitaría una reunión y la gestaría en aquella Comisaría, cuyo responsable era el Sr. Méndez ya citado, donde se convocaba a mujeres que ejercían la prostitución en Madrid, asistiendo en representación del colectivo diecinueve de ellas. Por parte policial asistirían integrantes del Programa de contactos ciudadanos y el motivo consistiría en conocer las demandas del colectivo mujeres prostitutas a la Policía. La reunión fue extraordinaria en todos los sentidos y única como experiencia profesional, constituyéndose ésta en un hito de los contactos policiales con colectivos de alto riesgo. La policía conocería desde esta reunión la cuantificación de la prostitución, sus territorios, repercusión económica, niveles de rufianismo e identificación por nacionalidades de los mismos, enfermedades que contraían en ejercicio de la prostitución y la necesidad de apoyos sociales y facultativos para atender a la cura y atención de los numerosos problemas, así como extorsiones que padecían y victimizaciones que sufrían. El resultado de ésta y otras reuniones que se hicieron fueron muy satisfactorias por los dos lados, entre otras la preocupación y ocupación, al poco tiempo de servicios sociales del Ayuntamiento y Comunidad de Madrid a este colectivo, siendo asistido por trabajadores sociales y médicos especializados, facilitando locales. Hubo una huida despavorida de rufianes y proxenetas por miedo a actuaciones de la Policía. Se denunciaron puntos negros y lo más curioso se constituyó la primera y única asociación de prostitutas de España, liderada por una mujer excepcional y con gran carácter que trabajaba en su viejo oficio en las Palmas de Gran Canaria.



El Instituto de Estudios de Policía, siempre vinculado a la Escuela de Policía, desde su creación en la década de los setenta pasa adscrito al Gabinete Técnico del Director General de la Policía, eliminando del mismo contenidos formativos, publicaciones, investigaciones, etc, tarea señalada a la División de Formación y Perfeccionamiento, para realizar el programa de relaciones/contactos ciudadanos, que se inicia mediante elaboración de Actas de contactos de Policías con Asociaciones Vecinales, siendo las Comisarías de Morón y Dos Hermanas, las dos primeras dependencias que bautizaron tan reconocido programa de participación ciudadana. Esta tarea del Instituto de Estudios de Policía sería tutelada directamente por Calvé, Jefe del Gabinete Técnico y reglamentada por el inspector de primera M.A. Rancaño, profesional brillante, nombrado en esas fechas por sus capacidades y actitudes en calidad de Secretario General de aquel Gabinete.

En el transcurso del año, la Orden General deja de emitirse diariamente, rompiendo así la tradición de ochenta años, para editarse “semanalmente”, arguyéndose razones de coste y desatención de funcionarios que no la leen por concentrarse aquella en vacantes y recompensas, apostando el Gabinete Técnico por una línea nueva de crear fondos documentales de recopilación normativa, que se publicarán trimestralmente.
Los malos tratos a la mujer empiezan a ser preocupantes por la alarma que salta en medios de comunicación social, y la incidencia en las estadísticas criminales empiezan a significar, por evidente, no en términos cuantitativos, por lo que mueve a la Dirección a emitir la Circular 32 en la Orden General nº 617, disponiendo actuaciones concretas frente a aquellos malos tratos que denuncian mujeres victimizadas en Comisarías.

En Diciembre, se publica en la Orden General relación de Comisarios aprobados, denominándose a esta promoción con la etiqueta “Pablo Iglesias” en alusión a su “simpatía” por la línea socialista, que de novecientos Inspectores Jefes presentados, sólo accederían cuarenta. El número uno de la promoción es M. A. Alonso de la Fuente, Secretario General de la División de Formación y Perfeccionamiento, luego en 1994, nombrado Subdirector General Operativo. El número dos será el Comisario Modesto García, líder del movimiento sindical de matiz progresista y luego en tiempos de Belloch, “asesor”, realizando estas tareas desde planos internacionales policiales, en Bruselas y París; después de pasar como Jefe de Comisaría de Hospitalet de Llobregat; y así uno tras otro, donde se salvan algunas excepciones, aunque si se tirara del hilo se percibirían “áreas de influencias” entre otras de la Secretaría de Estado de Seguridad y la propia Subdirección General Operativa.

La promoción Pablo Iglesias, la primera después de emitida la Ley Orgánica de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad 2/86, sería la elegida para cambiar el modelo policial, apostando en sobremanera el Director, su Secretaría particular, el tan reiterado Calvé y algunas instancias situadas en el poder, aparte de las publicaciones del partido Comunista sacando y publicando dossieres sobre los “Comisarios que venían”, sellando estigmas fascistas o de impregnadas torturas, a efectos de descolocar y neutralizar las muchas aventuras que se habían forjado muchos profesionales, muy capacitados por cierto, que no pudieron ingresar porque no estaban en la lista y ya estaban “etiquetados” por las izquierdas.

Esta promoción, curiosamente, lleva en el cargo, cumpliendo funciones de dirección cerca de trece años lo que significa un récord de mantenimiento en la categoría de Comisarios, y por evidente su no promoción a Comisario Principal, que acorde con los datos resulta una media para ascender que oscila entre los ocho y diez años. En este orden la promoción Pablo Iglesias estaría agraviada o discriminada respecto de las anteriores promociones que ya han ascendido a Principales. La explicación oficial para restringir esa promoción a Comisario Principal se entendería , de un lado, por el cupo cerrado de 119 Principales, acorde con el escalafón editado al 1 de mayo de 1998, y de otro el incremento del gasto que significaría el ascenso a esa categoría. La realidad, acorde con los datos, motivados por pases a segunda actividad, excedencia, etc. es que en el año 2000 la aludida promoción debería estar en el cupo de los 119 Principales.

Fuera de la explicación aludida podría pensarse, cuestión que nos parece ridícula, pero que así se transmite por extrañas vías de comunicación, en la mediación de una política de neutralizar a dicha promoción por la Administración de Seguridad, manteniéndose por algunos sectores que esa categoría está ya devaluada, no significando vinculación jerárquica o atribución de puesto de trabajo específico, con nivel administrativo atribuible, como ocurre con Coroneles y Generales de la Guardia Civil y que sólo está incentivada por un complemento escasamente significativo del volumen salarial. Frente a esta posición absurda se contempla por una mayoría la urgencia en la carrera profesional del logro por alcanzar el lugar más alto del escalafón, que es la de Comisario Principal.