lunes, 11 de junio de 2007

LA EXTRANJERÍA

Si hiciéramos abstracción de lo que preocupa, en cualquier proceso histórico, a una policía, caeríamos en la cuenta de cuatro contenidos evidentes: La calle; sus gentes; las ideas de las gentes; y los extranjeros. El racionalismo policial desde el siglo XVIII en Europa y concretamente en España, Corte de Madrid, en tiempos de Carlos III, se avocó en estructurar las vías públicas, adecentándolas, iluminándolas y reduciendo sus basuras, promoviendo así cotas de orden público. Ahora, en nuestros tiempos, se habla desde el espacio urbano a través de las ONGs de tramas limpias que contribuyen a la seguridad y calidad de vida en las ciudades. Las gentes serán un contenido esencial de la policía en los tiempos. El control de las gentes se inauguraría con la Policía bonapartista y luego con Fernando VII, en España. Pero no toda la gente. La gente que preocupó a la Policía española en el XIX fueron gitanos, mendigos, vagos, malhechores, malentretenidos, trajineros, embozados, y también carbonarios, masones, y muy especialmente los extranjeros, que traían ideas revolucionarias, , algunas de éllas impresas en abanicos, sombreros y chalecos con la palabra libertad. La perspectiva del extranjero desde el lado policial, en un principio, será observada como alguien extraño que incorpora ideas contrarias o adversas al orden establecido. No preocupa en el XIX y transcurso del XX español si el extranjero ocupa puestos de trabajo, compitiendo con los nacionales; si crea conflictos; si incorpora al resto de su familia extensa; si es alemán o procedente del Mogreb. Preocuparán aquellos extranjeros en la medida que sean “afrancesados”; que hayan recibido formación ilustrada en logias europeas; que hayan sido integrados en movimientos anarquistas, socialistas, comunistas e independentistas, y que cargados con mochilas de pensamiento intenten adoctrinar a algunos nacionales con la pretensión de romper equilibrios.

Esta situación cambia cuando el país o los países se abren a la aldea global y se hacen más tolerantes, sea porque la necesidad económica así obliga, o porque otros países, ya maduros, tolerantes, exigen del ejercicio de esos valores.

Ese fue el caso de España en la década de los cincuenta y sesenta, en el transcurso del siglo XX, cuando la policía cambia de actitud y comportamiento ante el extranjero por necesidades económicas, y presiones administrativas, arguyéndose la promoción del turismo para que entraran divisas a raudales, y promover salidas de nacionales para cubrir excedentes humanos sin trabajo y distribuirlos por Europa, como mano de obra barata. La policía junto a otras administraciones se ocupará de pasaportar a masas ingentes de trabajadores con salvoconductos E, o de emigrantes, y abrirá fronteras fijas para soportar las riadas de turistas que la administración ha publicitado eficientemente en el exterior, mediante un Ministerio recién creado de Turismo, que trabaja solidariamente con el Ministerio de la Gobernación y la policía, instrumentando partes de viajeros y controles en la hostelería. España en esos momentos, es un país receptor de extranjeros temporales, que no vienen a trabajar ni a residir, sino a divertirse y a ocupar el ocio, convocados, según la propaganda por la calidez del sol, placidez de sus playas y hospitalidad de sus gentes. De otro lado la policía se ocupará de las incipientes redes, no tan organizadas, del tráfico de nacionales para trabajar fuera de las fronteras y ajeno a las vías legales reglamentadas, iniciándose en esa época atestados de diligencias por tráficos laborales de personas ilegales, sin garantías de trabajo, lugares de destino, indocumentados, etc.

En la medida que la sociedad española se fue haciendo más tolerante, con más potencia económica, y más europea, hasta constituirse en espacio Schengen, siguen manteniéndose las riadas turísticas, constituyéndose este servicio en una industria nacional, pero con el matiz de ser España un centinela del espacio europeo para que no entren aquellos extranjeros, que no son europeos, discriminando así a los procedentes de áreas continentales muy cercanas, y también lejanas. De esta manera, el fenómeno extranjería se constituye en un problema serio que no solo afectará a la sociedad española, sino directamente al quehacer de la policía, que se carga, mejor dicho, se tiene que cargar de recursos para atacar tan grave problema.

Un segundo eje para entender globalmente el fenómeno de la extranjería, consistiría en analizar la ejecución de cierres/apertura de fronteras en el proceso del tiempo de un determinado país o un conjunto de países. Desde esta perspectiva, se puede soportar, a nivel de hipótesis, cuatro ciclos o dimensiones, además progresivas, a saber: momento de fronteras cerradas, que sería el posicionamiento observado por algunas Naciones-Estados hasta después de la segunda Guerra Mundial; momentos de las fronteras entreabiertas, que sería la postura mantenida por algunas Naciones-Estados consintiendo/permitiendo flujos de poblaciones migratorias, determinando cantidad de extranjeros y nacionales, etnias, culturas, edades, agrupamientos familiares etc.: momento de las fronteras abiertas, que es la apuesta por determinadas Naciones-Estados en tolerar/consentir movimientos de ida y vuelta de cualquier persona/grupos de personas, sin elevados costes de control documental y vigilancia policial; y por último, el momento sin fronteras, que es la posición más radical de solidaridad humana, mantenida por muy escasos países o en situaciones especiales, permitiendo la entrada o salida de otros sin ningún tipo de trabas o discriminaciones, y por evidente, con algunos costes en controles documentales y vigilancia policial.

Estos posicionamientos que van desde la impermeabilización de las fronteras de un país hasta la apertura total de aquéllas, se verán afectadas por una serie de variables que implicarán a la decisión a adoptar para colocar al país en la situación más ajustada, a saber:

1. Niveles de intolerancia-tolerancia del Estado-Nación receptor, así como actitudes y comportamientos racistas/xenófobos detectados.
2. Capacidad de absorción/integración de población extranjera por el Estado-Nación receptor, a nivel de ocupación necesaria de puestos de trabajo temporales y definitivos; y coberturas estructurales a nivel educativo, sanitario, alojamiento, etc. de esas poblaciones extranjeras.
3. Situación de acuerdos o compromisos internacionales entre países receptores-emisores o grupos de países receptores, como es el caso de la Comunidad Europea.
4. Nivel económico de los países receptores, con especial referencia a la tasa de paro.
5. Necesidad urgente de países emisores por exportar flujos de población que tienen excedentes de aquélla y con escasa oferta de trabajo, y geográficamente cercanos a países receptores estrellas.
6. Componente de población extranjera que migra en función de determinantes concretos, tales como etnias, culturas, edades, sexos, etc.
7. Presencia o no de redes organizadas de tráfico de personas o migraciones clandestinas, instaladas en países emisores y receptores.
8. Nivel de base de datos que la policía receptora opere para identificar y pasaportar a personas extranjeras.
9. Capacidad operativa e investigativa de la policía receptora de los flujos de población extranjera.

Si combinamos el posicionamiento de impermeabilización/ permeabilización de fronteras, con las variables consideradas anteriormente, se pueden deducir una multiplicidad de casuísticas, susceptibles de ser simuladas por ordenador (siendo este un trabajo posterior interesante), pero a falta de este procedimiento y tiempo, se colige, de forma muy generalizada, un tercer eje de este análisis de la extranjería, relacionado con la migración, y sus inmediatas consecuencias nefastas, a saber:

- Aparición de trabajos/tareas clandestinas, sumergidas, incontroladas en diferentes y extensas zonas del país receptor.
- Marginación y explotación de población extranjera que vivirá como sociedad esclavizada.
- Formación de innumerables comunidades basuras, que generarán conductas criminógenas necesarias.
- Constitución de ghetos en zonas límites urbanas, que en el proceso del tiempo irán conquistando los centros urbanos de las ciudades.
- Creación de redes organizadas de tráfico humano en países emisores y receptores, con suficientes estructuras y soportes informativos.
- Proyección de las redes organizadas de tráfico humano, en contenidos alternativos de tráfico de estupefacientes, prostitución, blanqueo de dinero; falsificaciones documentales; explotaciones laborales, etc.
- Diseño y ejecución de rutas migratorias para acceder a países, desplazamientos en los mismos y llegadas definitivas.
- Tráfico de influencias.
- Apoyo de organizaciones no gubernamentales para el ejercicio de las redes.
- Movilización de las redes organizadas a través de los inmigrantes para según contingencias crear conflictos sociales o políticos.