lunes, 11 de junio de 2007

LA MÚSICA DE LOS JÓVENES

La música, tanto comercial como alternativa, en sus innumerables estilos, es un componente esencial que define personalidades y comportamientos entre los jóvenes, siendo éstos sus más cualificados consumidores, aportando al mundo discográfico cuantiosas ganancias, susceptibles de manipular en el mercado, ligando los diseñadores de aquellos productos con el parking de la moda, equipamientos, mobiliarios y tecnologías que acompañan a la juventud, incluso, perturbando la transmisión de sus ideas, algunas de ellas cargadas de elementos emotivos, que incendian los modos de ser de los adolescentes, a efectos de constituir adicciones, fanatismos e integrismos, evidenciados éstos en tribus juveniles urbanas, algunas situadas en que el modo de su música es suyo, y por supuesto no compatible con otras tribus que sean diferentes.



Antes de entrar en la diversidad de estilos musicales identitarias de manadas de jóvenes, es necesario considerar una serie de precisiones constatadas por la dinámica y sucesión de los hechos que ayuden a comprender éste complejo fenómeno, entre otras, las que siguen:



.- Que las músicas comerciales/alternativas, son consumidas de manera masiva en discotecas, recitales, ravers, rutas, mediando altas densidades de gentes jóvenes, siendo esa masividad un valor añadido, hasta el punto de que cuando un estilo musical no concentra a jóvenes en demasía, éste se desinfla, y consecuentemente muere, matando con ello a la posible tribu juvenil que se enganche.



.- Que las músicas consumidas por jóvenes se hacen presentes a través de tres modelos: las electrónicas, fundamentalmente basadas en máquinas, sustentadas en equipos informáticos que permiten sintetizar sonidos, reproducirlos, equalizarlos y cambiar tonos y ritmos; las espirituales, algunas, también con base electrónica, pero con el matiz diferencial de que persiguen más el éxtasis, la hipnosis y la relajación, bajando la velocidad, atonando sonidos y desplazando a la clientela a espacios ecológicos y/o celestiales; las alternativas, que se suceden en función del mercado y de la moda, evolucionando acorde con el gancho y la masividad que logren.



.- Que la música comercial emitida por cadenas de radio y televisión no motivan tanto como aquellas consumidas de manera masiva y estimadas como alternativas o rompientes, siendo su satisfacción completamente individualizada, sin conexión o proximidad emotiva de otros que comparten idénticas preferencias.



.- Que la red de discotecas, bares-pistas, disco-pub, integran, con ocasión de los fines de semana, aproximadamente a un setenta por ciento de la movida juvenil urbana, entre dieciséis y treinta y cinco años de edad, especializándose aquellos establecimientos en manufacturar el estilo musical que más encaje con las motivaciones, intereses y actitudes de la población juvenil, y singularmente entre sus tribus.



.- Que las discotecas se han revolucionado por la fuerza del sonido, que golpea y sacude con insistencia, extinguiendo el afuera, como silencio general, y el adentro, en significación de ruido celestial, en su caso, o tenebroso. Traspasar las puertas de las discos representa penetrar en territorios de otro mundo, así la luz, acompaña al potente ruido, que se hace presente con colores, entre intermitencias y largas ausencias, eliminando de éste modo la luz blanca y de día que simbolizan y recuerdan de continuo a los jóvenes las zonas de trabajo. A éstos sonidos rompedores y/o hipnóticos acompañan la mayor parte de las veces proyecciones de videoclips que contribuyen a animar la fiesta en las pistas y escenarios.



.- Que la edad modal de presencia en las discotecas se sitúa entre los veinticuatro y veinticinco años, siendo las veintitrés horas de la noche el momento que separa la presencia de menores-mayores de esa edad. Para una gran mayoría de los jóvenes la noche es su compañera, siendo ella misma joven y está ahí para ser violada. En la noche los jóvenes construyen sus no lugares, colonizando sus espacios y tiempos. No obstante ésta concepción de la noche está cambiando en nuestros días, en el sentido de que ya en las primeras horas los padres no duermen, motivados por la preocupación de la vigilia de sus hijos, prefiriendo los jóvenes las madrugadas, debido a que a esas horas las instancias paternas y represoras, incluso la policía, descansan. Estamos en ciudades donde las madrugadas son exclusivas de los jóvenes.



.- Que existe en el sector de las discotecas un fenómeno novedoso, surgido a principio de los noventa, de rechazo a individuos que requieren agua para consumir, etiquetando los gestores de las mismas a estos consumidores como posibles adictos a sintéticos y estupefacientes, tildando la expresión de que un joven que bebe agua es un consumidor de droga.



.- Que la ruta de las discotecas está tejida en una constante mutación por la flotación (el flipe), la ingesta de alcohol, presencia de estimulantes, el llenazo de pantallas, cañones de luz y sonidos, y además el trance y traqueteo de la danza, circuito éste que es concéntrico, derivándose de ello sendas automovilísticas que traen consigo tráficos de drogas, tráficos de sentimientos y afinidades, y al final, en las madrugadas múltiples vomiteras y cuajadas, depositadas en aledaños y vehículos del Samur.



.- Que las rutas discotequeras explican la articulación incipiente de modos de agrupamientos juveniles, en un contexto de ausencia de espacios propios, al ser la cultura juvenil una civilización sin sitio, debido a su instantaneidad, y urgencia, constituyéndose aquéllas en “comunidades de deseos y paraterritorios de afectos”.



Con éstas consideraciones, la música, entre los jóvenes, ha desplazado el valor y peso de los representantes sociales e iconos de la política y de la ética hacia autores y promotores musicales, que son los que más se identifican con sus estilos de vida, constituyéndose éstos, a través de sus letras y mensajes, en estandartes y pautas de filosofía, integrándose éstas en las estructuras de la personalidad de los jóvenes.



La música, en sí misma, es un refuerzo de identificación con un grupo de iguales, siendo al tiempo un vehículo de proximidad y de concordia, y también un posible artefacto trasgresivo de la comunidad o rompiente de lo convenido por las gentes. Nadie puede negar que la música hasta la aparición del rock and roll (años cincuenta del pasado siglo) integraba parte de la cultura de un país. A partir de ese momento y fenómeno, la música se internacionalizó, sustentándose en la aldea global, por la incidencia de los medios y fuerza del mercado de los jóvenes, modificando con ello valores que primaban la competencia, eficacia, rendimiento, status social, belleza, etc. sustituyéndolos por otros, entre los que destacan el éxito rápido, satisfacción sexual, consumismo, cultivo de la amistad, necesidad de cambio y velocidad, y descubrir el poder de la imagen, vinculada a la música. Estos nuevos valores produjeron un vértigo entre los jóvenes, alcanzado su cenit mediante el uso de amplificadores y distorsionadores audiovisuales, introduciendo la máquina, que perturbaba y modificaba los niveles de conciencia individual y reunía masivamente a muchos jóvenes, con ocasión de recitales de ésta guisa.



La música desempeña un papel de aprendizaje y cultura, influyendo en costumbres, hábitos y emociones. Los jóvenes utilizan la música como refuerzo identitario de tribus urbanas, expresando con ello actitudes agresivas/violentas, y en este orden, ser admirador de una música o fan de un grupo musical no solo significa expresión de gustos y estética, sino también posicionamientos radicales de carácter ético y moral, donde se comparten valores y compromisos.



Al lado de la música se ha situado el fenómeno de los disck jockeys que se inició a mediados de los setenta, en calidad de dominadores de las pistas de las discotecas, remezclando canciones y acentuando sus ritmos, y prolongando la duración de los surcos musicales, acabando por concebir, diseñar y crear música propia, fundando compañías discográficas y empresas alternativas en carpas para mover a los jóvenes en los transcurso de fines de semana, llenando los locales masivamente a principios de los noventa. En éstas fechas los disck jockeys empiezan a ser las estrellas de la música, cotizándose a la altura de los divos, cobrando por sesión de dos horas la cantidad de medio millón de pesetas, perdiendo su influencia a partir de 1997, fecha en la que los mercados musicales alternativos, especialmente el rock, disminuyen los niveles de venta, fosilizándose éste estilo musical, cayendo los nirvana y los stone temple pilots, surgiendo los dance beat y rap festivos.



Los disck jockeys están detrás de megarecitales y megadiscotecas, así como ravers, donde se ofrece a los jóvenes la fuerza del sonido que contribuye a potenciar escisiones de adentros y afueras, bañando a los mismos con tormentas de luz en zonas de escenario, cargándolos de excesiva iluminación e incandescencia, brillando éstas con intermitencias que colaboran a los rompimientos de adentros y afueras. Las músicas de los disck jockeys y las luces de la técnica se acompañan, encendiéndose y apagándose al ritmo de sonidos, creando atmósferas que favorecen la quiebra en las personas facilitando la idea de flotar o de descuartizarse, incluyendo proyecciones de vídeo clips, que facilitan ambientes de vértigo.



Consideradas éstas matizaciones, pasamos a describir la diferencia de estilos musicales vinculados a la manada juvenil, destacando entre ellas el funky house, música americana, exportada a Europa y vinculada a los “morenos”. En las discotecas que ofrecen esta música, aproximadamente hasta las tres de la madrugada, se observa la presencia de jóvenes mayores de veintiséis años y preferentemente de color. Es música que engancha por igual a chicos/chicas, favoreciendo el baile suelto por parejas donde no se observan ritmos acelerados.



Por todos es conocido que primero fue el funky y luego el house (años 80-90). El house (música del 94) se deriva del funky, pero tiene más ritmo y no engancha en el segmento menor de dieciocho años. En definitiva, el funky-house es una música dulce, para niños de élite, con dinero, de clase media alta, que se consume en barrios limpios de los espacios urbanos, exigiendo por parte de los jóvenes de una filia por la buena música.



El acid house, tuvo su origen en Chicago, en 1987, luego consagrado en Ibiza, año 1988 y siguientes. El acid house es un resultado de mix musicales logrados por disckjockeys con máquinas electrónicas, donde se defienden temas cuyos discursos caminan por la paz, el amor y buenas vibraciones, experimentadas éstas con sustancias. El acid house se extendería a finales de los 80 en Londres, generando el acid jazz.



La música trance tiene su origen en Francfort, 1992, fundamentándose en la construcción de melodías, promovidas por disckjockeys holandeses, vinculadas al consumo de éxtasis y otras drogas de diseño. Fue la música psicodélica de los años 60, a la que se ha añadido en estos últimos años ingredientes de mística, hipnosis y relax. Combina ésta música ritmos minimalistas y obsesivos con largas e hipnóticas secuencias, a efectos de inducir el trance. La conjunción del consumo de éxtasis más la cultura trance producen fenómenos hipnóticos, generando de este modo flash en los muchachos, que activan de forma excepcional los sentidos y sentimientos. El trance promueve la cultura del feeling.



La música garaje es una modalidad del house pero cantada, que se ha lanzado en los garajes, ubicados en los espacios urbanos y constituidos por grupos de jóvenes que entrenan en alternativa músicas de guitarra. La música garaje conlleva una actitud contra la música comercial, fomentada por la radio y promocionada por listas de hit-parade.



Los rituales trance-garaje, se inician el 13 de noviembre de 1994, en la Sala Velvet Undergrund, entrando muy recientemente en discotecas de renombre de áreas metropolitanas, por encima del millón de habitantes. El reclamo publicitario de los rituales trance-garaje proceden de Londres, generando una filosofía así como una cultura novedosa en la juventud, que se mueve en los aspectos/matices que siguen: hacer invocaciones al bien; tendencia a la espiritualidad, mediante la introducción de músicas ad-hoc, integrando voces búlgaras, música gregoriana, Silos, etc.



El ritual trance-garaje está diseñado para consumidores juveniles situados entre los 24-25 años. El trance-garaje es una iniciativa de algunos disck jockeys, que pretenden cambiar de rollo, promoviendo entre los jóvenes menos agresividad/violencia. Se trata de una música sencilla, que exige de poco público y escaso espacio; en consecuencia es casi imposible que esta música se instale en las macrodiscotecas. El trance-garaje coincide con los tiempos místicos que corren, donde se favorece el sentimiento, la vivencia y la comunicación íntima persona a persona.



En esta música alternativa se parte de la idea, según sus escénicos y promotores de que las discotecas pueden dedicarse a ser “templos de culto”, mediante el alimento de una música que comporta a un cuerpo y a un alma, en diversión entretenida, entendiendo el ocio/divertimiento como la religión del milenio que viene. La idea que promueve el ritual trance-garaje consiste en crear un ambiente y un climax de felicidad integral que conduzca a los jóvenes a una especie de nirvana, donde las alas y el incienso son ingredientes imprescindibles.



Los rituales trance-garaje promueven entre los jóvenes la activación de todos los sentidos, favoreciendo en los individuos la armonía y el sentimiento de grupo cuando aquéllos se mueven/bailan en las pistas. En este orden, los decorados y ambientes de escena se montan con tules/sábanas blancas, instrumentándose a la par proyecciones con fragancias exóticas, al modo de ángeles flotando, demostrando así un interés/curiosidad por los “ángeles”, que son por ellos considerados como seres misteriosos y etéreos. Esta música está en la opinión de que los ángeles bajen a las discotecas para reconvertir a estos muchachos y dirigirles hacia lo celestial y al cultivo del espíritu. La tarea de los disck jockeys consiste en combinar música, escenografía, inciensos, etc. pinchando continuamente hasta dejar a los jóvenes en situación de éxtasis.



La expresión tecno-bakalao responde a una música de bombo caja, más melodía máquina, que reitera algo conocido para recordar; a la que se introduce velocidad en el disco, con el objeto de que los jóvenes vibren y entren en la marcha de la pista. El concepto de bakalao es un término incorporado en el área levantina singularmente por los disckjockeys valencianos cuando se refieren a esta música etiquetándola como muy buena, generalizando aquella expresión popular “que bakalao más rico”.



Los caracteres que identifican esta música son los que siguen: Se introduce por ordenador. Se trata de música en un aparato máquina; es una música de teclas y ecualizadores; es una música industrial, que refleja el deterioro del barrio urbano industrial en las grandes metrópolis; expresa o pretende expresar la pérdida de espiritualidad en la sociedad de consumo; su técnica es el machaqueo y consecuentemente muy fácil de integrar/aceptar por jóvenes de 16-17 años que es el segmento de edad dominante y usuario de esta peculiar música.



Una varianza del bakalao es el hard-core, de procedencia belga-alemana, que se sitúa más arriba del bakalao en el sentido de inaudible. Curiosamente, ésta música, se vincula a la música-máquina tecno fascista, de consumo alternativo para los skin-heads del IV Reich y/o de características nacional-socialistas.



Es preciso diferenciar dentro de ésta música entre el tecno y el techno. Se trata de una cuestión de edad que tiene repercusiones estéticas. El techno engloba toda la música baile construida con máquinas, surgida en Detroit y que estallará en Europa, en 1991, con el hardcore. El techno se sitúa en su origen en el año 1965, fecha en la que Robert Moog sacó a la luz el primer sintetizador de sonidos. No obstante su puesta a punto se debe a dos alemanes Ralf Hutter y F. Schenider mediante la introducción de los conceptos de hombre máquina y sonoridad repetitiva. En definitiva el techno es una música teutona.



Bruce Springteen, en 1995, improvisó en Berlín un concierto, donde varios cientos de miles de jóvenes participaron en un carnaval de techno, que atronaba desde unas carrozas anunciando al mundo la muerte del rock, expresión de una música caduca.



Berlín es la ciudad meca de la música techno, diseñada por sus legendarios locales, montados ellos a la manera de centrales eléctricas, cámaras acorazadas y búnkers. Berlín, después de la caída del muro favoreció un nuevo espíritu hedonista que se cobijó en esos clubs, donde abundaban y proliferaban estimulantes ilegales, a base de guaranas, ginseys y marihuanas, donde mafias étnicas, entre ellos rusos serbios y turcos, hacían su agosto. El techno que se consume, a través de Berlín al ser música preferentemente instrumental, no requiriendo del dominio de la lengua inglesa, postulaba en sus surcos de tres elementos básicos, pintas raras, sexo y drogas que hacen estragos en fiestas multitudinarias al aire libre o espacios abandonados, que ha provocado en algunos gobiernos legislaciones draconianas.



Dentro del techno se pueden diferenciar varios subestilos:



- El Ambient, es una música que intenta reflejar paisajes melódicos, con sonidos y ritmos casi inexistentes y es en sí mismas una evolución, a través de la tecnología, del estilo New Age. El Ambient es una respuesta a los excesos del hardcore, al frenesí de canciones velocísimas con ritmos implacables. Es una música con ausencia de ritmo, que crea atmósferas evanescentes/placenteras, no románticas o tristes. En definitiva es una música donde puede hartarse de escuchar baladas de rebaños de ovejas o pasos de trenes, y/o de cualquier efecto sonoro incidental.

- El New Age, que persigue atmósferas placenteras, relajadoras y románticas, promoviendo actitudes cercanas a la cultura hipppie, redescubierta por el humanismo tecnológico, que pretende unir de la frialdad etiquetada a las máquinas.



El sello extremoduro, diseñado por Robe Iniesta, nacido en Plasencia, Cáceres, y residente en Lezama, Vizcaya, ha lanzado al rock a su cima más alta, gracias a la combinación de guitarras y a las amplificaciones, discurseando en sus letras todo lo anti “quien va a meterte por el culo / mi libertad de expresión / cuando digo que me cago en la Constitución / nadie puede escaparse si todo es una prisión / porqué coño hay tantos maderos a mi alrededor”. Robe y su extremoduro hacen un rock trasgresivo, juntando versos de Machado y de Cela, fuera del discurso comercial, aunque cualquiera de sus discos han superado las 200.000 copias, singularmente aquél disco lanzado en 1996 con el título “Iros todos a tomar por culo”.



Kurt Cobain, notorio drogadicto fue líder indiscutible de Nirvana, tal vez el grupo de rock más influyente en los años noventa del pasado siglo, y que acabaría suicidándose, dejando un legado, no sólo a los fans rockeros sino también a los grunges, constituyéndose aquél en uno de sus mitos.



El nuevo rock de la ciudad mezcla voces y estilos, singularmente electro-pop, y punk, pasando por el neogaraje, antifolk y el dance rock, sonido peculiar representado por el grupo Strokes. A finales del 2002, desaparecidos los efectos del 11-S, y tras el cerrojazo de la era Guiliani, el rock, ha vuelto a reconquistar Nueva York, abanderando a sus fans esa banda de los Strokes, que han recorrido Europa cantando aquello “de fiesta en fiesta hasta que vomites”.



El jamband es una variante del rock, surgido después del 11-S y es el nuevo fenómeno musical del presente milenio que estamos estrenando y que está entusiasmando a los nuevos hippies y grunges de nueva hornada. Esta música es alternativa a la comercial por ser muy difícil de encapsular en vídeo y ser poco apreciada en la radio por la excesiva longitud de sus temas, aparte de generar sentim