lunes, 11 de junio de 2007

poliocia del alzamiento

El 23 de febrero de 1937, es la fecha oficial de refundación de la Policía del Alzamiento, instalada su sede central en la ciudad de Valladolid, con la nomenclatura de Jefatura Superior de Policía del Estado Español, registrado ese hito en la Orden General número 1 firmando la misma su titular, Pedro Romeral, que es cesado a los pocos días, concretamente el seis de marzo, sustituyéndole, Emilio de Aspe Bahamonde, el Director General de Policía que menos tiempo ha permanecido al frente de la Policía Española, ocho días.

La Policía del Alzamiento, en el transcurso del año 1937 felicita, en la Orden General a los policías por las siguientes conductas, entre otras, transferir sangre propia a heridos hospitalizados; adoptar niños huérfanos entre cuatro y ocho años; renunciar a dietas, también llamadas “mayores gastos”, con ocasión de comisión de servicios en otras plantillas o en el Frente; conductas patrióticas en situaciones de asedio y Frentes; alternar labores profesionales con presencia activa de combatientes en diversos Frentes contra el enemigo; mostrar entusiasmos por la Causa Nacional; detener a personas que escuchan radios rojas y que conspiran contra el Glorioso Movimiento Nacional; detener a responsables de partidos políticos marxistas, células comunistas, sindicalistas y chequistas; detener a masones; censurar la prensa y ejercer funciones colaboradoras en el servicio de propaganda; sostener tiroteos con fugitivos enemigos; no darse de baja en el servicio después de ser herido en los frentes contra el enemigo; realizar tareas de contraespionaje; y detener a enemigos que colocan artefactos explosivos en vías férreas.

Entre éstos comportamientos, meritorios de felicitación, reconocimientos y premios por la Superioridad, la Orden General destaca expresamente al Agente de Policía Juan Blesa López, destinado en 1937 en Salamanca, por contribuir aquél funcionario a la consolidación de la paz pública, luego, en los años setenta destinado como Comisario Jefe de Policía en la Casa Militar del Jefe del Estado, Francisco Franco; a Eduardo Quintela Bóveda, Agente de Policía, destinado en Valladolid, responsable de la Sección de Servicios Especiales, motivada la felicitación por contribuir a consolidar la paz pública; al Comisario de primera clase Adolfo de la Calle Alonso, Inspector de Servicio; a P. Llamas García, adscrito a San Sebastián, por detener en Hernani a mujeres que habían participado en batallones de milicianos rojos en el Frente del norte, y obtener mediante interrogatorios la autoría del asesinato del General Fernando Berenguer; y muy singularmente al Agente de Policía de primera clase, Don Romualdo Romero Miguelez, destinado en San Sebastián, que entusiasmado por la Causa Nacional, cayó herido gravemente de dos balazos, al intentar fusilarle las ordas marxistas, y recibir el tiro de gracia, que milagrosamente no acabó con su vida, uniendo a ésta ejemplaridad de vida su laboriosidad y eficaz rendimiento en los deberes policiales encomendados.

Las felicitaciones, reconocimientos a la Policía y singularmente a sus funcionarios más cualificados, provienen, aparte de su Órgano Central, la Jefatura Superior de Policía del Estado Español, de otras Instituciones y Organismos, entre ellas, Comandancias Generales de Marina, Comandancias de Plazas Militares con ocasión de asedios y ataques en diferentes frentes contra el enemigo, así como de Dependencias de Censura del Régimen y Propaganda.

Las conductas consideradas tramposas, cometidas por policías y registradas en sucesivas Ordenes Generales, que provocan sanciones y amonestaciones, pérdidas de empleo y expulsiones de los mismos, son las que siguen: afiliarse a la secta masónica; frecuentar la ostentación del cargo, concurriendo a espectáculos públicos sin estar de servicio, exhibiendo al mismo tiempo atributos de manera indebida; no atender con celo y proceder a detenciones de individuos considerados perniciosos para el desenvolvimiento del Nuevo Estado Español, así como permitir situaciones de libertad a ciertos individuos manifiestamente contrarios al Glorioso Movimiento Nacional; dejar escapar sin enterarse a personas a quienes tenían órdenes de vigilar estrechamente; cometer faltas de cortesía o no mostrar exquisito trato social; no pagar las cuentas en fondas u hoteles donde residan los policías, desprestigiando al Cuerpo de Investigación y Vigilancia; contraer deudas o demorar maliciosamente los pagos debidos; y pretender conseguir resoluciones favorables usando de la recomendación, vicio éste incompatible con el espíritu de la nueva España que renace.

En este orden de felicitaciones y amonestaciones, citadas en las Órdenes Generales, son reconocidas y enaltecidas, de un lado algunas plantillas, y también sus responsables, entre otras Pontevedra, Villagarcía de Arosa, Medina del Campo, San Sebastián, Huelva, Las Palmas, Zaragoza y Tenerife; y de otro, sancionada la Comisaría de Pamplona por no caer en la cuenta de que los censores de teléfonos de aquella capital tenían antecedentes políticos sociales, en consideración de enemigos del Movimiento Nacional.

A principios de marzo de 1937, las necesidades de la Guerra obligan al Gobernador Civil del Estado Español a cumplir órdenes procedentes del General Jefe del Ejército del Norte, emitiendo una Orden, recogida de forma extraordinaria en la Orden General, número 11, por la que se movilizan a todos los individuos entre 21 y 27 años de edad, que se encuentren en plazas ocupadas por aquél ejército, y otras de las que están en poder del enemigo, en calidad de residentes habituales, conminando en dicha Orden a los movilizados para que se presenten en las Cajas de Reclutas en un plazo de 48 horas, mandando a la Policía a su cumplimiento, siendo los infractores incursos en delitos de deserción; y en este orden de consideración militar, a principios de 1939 se relacionan en la Orden General 164 funcionarios del Cuerpo de Investigación y Vigilancia, a los que se añaden 66 en febrero, que han sido militarizados a petición del Jefe del Servicio Nacional de Seguridad, figurando entre ellos José Yague Tapia, Miguel Sandoval Alonso, Guillermo Gelabert Fullane, Colomín Colomer, Angel León Gozalo, Francisco París Galán, José Lamas Quesada, y otros más que constituirán sucesivas cúpulas y clanes policiales del Régimen.

La Policía del Alzamiento, en el transcurso del Movimiento Nacional, recibirá sucesivos nombres, así, en su refundación se denominará Jefatura Superior de Policía del Estado Español, cambiando en febrero, 1938, por el de Comisaría General de Seguridad Interior, Orden Público e Inspección de Fronteras, nomenclatura ésta sustituida por la de Jefatura del Servicio Nacional de Seguridad, Comisaría General de Seguridad y Vigilancia; y a principios de septiembre de 1939, con el nombre de Dirección General de Seguridad.

Al frente del Centro directivo policial, aparte de los ya citados Pedro Romeral y Emilio de Aspe Bahamonde, ocupan responsabilidades directivas, por orden cronológico, José Derqui Derqui, nombrado el 21 de marzo de 1937, que en su toma de posesión y alocución, manifiesta cumplir dos misiones, señaladas por el Caudillo a la Policía, una, en la retaguardia, auxiliando y ayudando al ejército salvador, y otra, preparar a la nueva Policía creada por el Alzamiento para ingresar en un nuevo Estado que se está forjando, formando un Cuerpo de Investigación y Vigilancia, a la altura de su delicada misión, advirtiendo a todos los policías que no sientan amor profundo a su profesión y no posean espíritu de sacrificio que se aparten de sus compañeros y se dediquen a otras actividades. Derqui Derqui, sería cesado en noviembre de 1937, sustituyéndole José Medina Santamaría, Teniente Coronel de Estado Mayor, que a los pocos días de su toma de posesión lanzaría una alocución a la Policía, acorde con los tiempos, recogida ésta en la Orden General número 211, donde incidiría, con un peculiar matiz, a todos los policías, que él es esencialmente militar y que consecuentemente, aunque el Cuerpo de Investigación y Vigilancia es civil, el valor que él más aprecia en la Policía es la disciplina y que ésta es el objetivo fundamental que exigirá a todos y que consecuentemente fortalecerá las jerarquías haciendo presente a todos que castigará a aquellos que acostumbren a minar ese valor, advirtiendo sobre el obligado respeto absoluto a los Superiores. Es tal la obsesión de Medina Santamaría por la disciplina y el orden que le hacen manifestarse en otra alocución, en diciembre del 37, indicando que la rebeldía fue la causa en el quinquenio pasado para que el enemigo se infiltrara, por lo que la Policía debe establecerse como un dique para evitar el desorden, destacando una frase célebre suya, luego consagrada en la Policía del Régimen, referente a que los deberes del inferior son tan sencillos y fáciles que basta obedecer para cumplirlos exactamente. En enero de 1939 cesa en el cargo de Director General el Coronel Medina Santamaría, siendo relevado por otro Coronel, José Ungría Jiménez, quien a los pocos días militariza a los profesionales más cualificados de la Policía, exactamente a 232 funcionarios, permaneciendo en el cargo éste Coronel hasta septiembre del año en curso, fecha en la que sería sustituido por José Finat y Escriva de Romaní, Conde de Mayalde y de Finat.

En el transcurso del Alzamiento, desde Valladolid los responsables policiales, ya citados, inician la nueva Policía del Estado, estructurando el departamento paso a paso, resolviendo en mayo de 1937 la creación de una Comisión policial que ayude y coopere con la reciente Oficina de Investigación y Propaganda Anticomunista, adscrita al Gobierno General del Estado, al mismo tiempo que dispone la creación de la Sección Quinta que integra a los Servicios de Fronteras, Ferrocarriles, Puertos y Transportes. Un mes después se crean las Secciones Séptima y Octava, con las nomenclaturas de Asesoría Jurídica; y Administrativa, Caja y Colegio de Huérfanos, con las funciones de intervención y contabilidad centrales. En marzo de 1939 se crea el cargo de Segundo Jefe e Inspección del Servicio Nacional de Seguridad, dependiendo de éste Órgano un Negociado de Enlace y un Negociado Auxiliar de Mando, éste último con los especiales cometidos de calificación del personal, así como enlace con otros servicios de información militar y falangista, relaciones con policías extranjeras, normativa policial, registros y ficheros reservados, Cifra, etc.

El Centro Directivo Policial elabora instrucciones en 1937, entre las que destaca una, a instancia del Comandante General del Departamento Marítimo de El Ferrol, mediante la cual se prohibe, en el territorio nacional, la proyección en los cinematógrafos de la película titulada “Ahí viene la escuadra”, a la que se añade otra Instrucción referente a una queja del ejército por ver incumplida en la Policía la Orden de control de movilización de jóvenes entre 21 y 27 años, motivada ésta porque los contingentes que se esperaban de reclutamientos no llegan suficientemente nutridos. A mediados de 1937, a instancia de Juzgados Militares, se dispone que los policías residentes en zonas liberadas, y que escaparon de ellas, se dirijan a los juzgados para expresar su filiación, cargos desempeñados y si fueron declarados cesantes por el Gobierno rojo. Coincidente en el tiempo, una disposición conmina a todas las dependencias policiales de la zona liberada para que hagan desaparecer totalmente de los archivos policiales todas aquellas fichas y expedientes referentes a personas que tomaron parte a favor del histórico Alzamiento, que tuvo lugar en Sevilla el 10 de agosto de 1932 (así lo cita textualmente la Orden General número 126).

El problema de contingencia humana para la guerra, preocupa tanto a los ejércitos de Franco que el Centro Directivo policial, en octubre de 1937 ordena inmediatas y urgentes detenciones a dos o tres parientes, en primer o segundo grado, de cada uno de los individuos que deserten, preferentemente entre aquéllos con antecedentes de izquierdas.

El enemigo, en agosto de 1938, es tildado en la policía mediante una Circular, la 29666, donde se expresa que éste está constituido por masones y la Internacional Comunista, añadiendo que una y otra son perniciosas ramas del judaísmo, advirtiendo que la masonería y el comunismo están prestos para infiltrarse en los nuevos cuerpos del nuevo Estado, especialmente entre sus cargos directivos y responsables, provocando conjuras, y alimentando toda clase de indisciplinas, al mismo tiempo que desacreditan a personas, cultivando pasiones en unos, y defectos en otros.